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esde
1989
,
nuestros grupos de
G
ijón veni
m
os organizando los
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ncuentros de
C
ristian
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s
de
B
ase de
A
sturias
. A
través de ellos expresa
m
os pública
m
ente nuestras inquietudes y
posiciona
m
ientos sobre diversas cuestiones que afectan a la sociedad y a la
I
glesia
. E
ste
año, bajo el lema
«La paz es el camino»
, aborda
m
os el te
m
a de la guerra y la paz.
S
e trata de un asunto de
m
áxi
m
a actualidad. España, al igual que otros países europeos
m
ie
m
bros de la
OTAN
,
se prepara para incre
m
entar de for
m
a significativa su gasto
m
ilitar
.
S
e destinan
m
iles de
m
illones de euros
sustrdos de partidas
m
ás urgentes
a la adquisi-
cn de ar
m
a
m
ento y al fortalecimiento del aparato militar, incluyendo la participación
en operaciones internacionales que consideramos discutibles y peligrosas.
L
a profesora
I
tziar
R
uiz
-
G
i
m
énez
A
rrieta ofreció la primera conferencia del Encuentro,
titulada
:
U
na
m
irada ecofe
m
inista y decolonial a la guerra y la paz
. D
esde una perspectiva
ctica
,
cuestionó las narrativas do
m
inantes sobre la guerra y la paz difundidas en la
m
ediá
-
polis
,
que configuran el sentido co
m
ún en
E
uropa y
O
ccidente
. S
aló
m
o estas narra-
tivas presentan ciertos conflictos co
m
o excepcionales
,
cuando la guerra es cotidiana para
m
uchas poblaciones
. S
ubrayó el poder político del lenguaje al definir qvidas i
m
portan
,
y denunció la visión idealizada de
E
uropa co
m
o garante de paz
,
ignorando su historia colo-
nial
. D
esde el ecofe
m
inis
m
o
,
re
m
ar
m
o la guerra afecta de
m
anera desigual a
m
ujeres
y grupos vulnerables
,
y criticó la respuesta
m
ilitarista de
E
uropa
,
proponiendo en ca
m
bio
una reflexión ciudadana que incorpore voces silenciadas y alternativas al discurso hege-
m
ónico
. S
e puede escuchar el contenido de la conferencia en la dirección: de Internet:
https://bellman.ciencias.uniovi.es/~faustino/ccbb-gijon/p/202505/itziar.mp3
L
a segunda conferencia corrió a cargo del teólogo
J
uan
J
osé
T
a
m
ayo
A
costa
,
que disertó
sobre el te
m
a
:
G
uerra y paz
: ¿
de q lado están las religiones
?
.
E
l ponente reflexionó sobre
el papel de las religiones en la guerra y la paz
,
evitando respuestas si
m
plistas y abordando
cinco fenó
m
enos clave de la violencia conte
m
poránea
. P
ri
m
ero
,
destacó la fragilidad de
la paz
, m
ás caracterizada por ar
m
isticios que por períodos pacíficos
. L
uego
,
describ el
m
undo co
m
o un
coloso en lla
m
as
”,
con conflictos ar
m
ados
,
desplaza
m
ientos forzados y
un rear
m
e global preocupante
,
denunciando la
m
asacre en
G
aza y la guerra en
U
crania
. E
l
tercer fe
m
eno es la violencia patriarcal
,
una guerra no declarada contra
m
ujeres
,
niños y
niñas
. E
l cuarto aspecto recuerda el aniversario de los bo
m
bardeos a
m
icos sobre
H
iroshi-
m
a y
N
agasaki
,
alertando sobre el peligro actual de las ar
m
as nucleares
. F
inal
m
ente
,
criticó
la violencia estructural del neoliberalis
m
o
,
co
m
o responsable de
m
illones de
m
uertes por
exclusión
. C
oncluyó con una crítica al rol histórico de las religiones
,
especialmente las
m
onoteístas
,
que han justificado la violencia y se han aliado con el poder
,
perdiendo su
di
m
ensión profética y liberadora
. P
ropone recuperar una ética radical de paz, justicia y
solidaridad frente a la normalización de la guerra y la violencia. Se puede ver el vídeo
de la conferencia en la dirección:
https://www.youtube.com/watch?v=EEJeoGk_WE4
y las conclusiones del Encuentro en la página siguiente:
B
oletín nú
m
. 75
- 26 de mayo de 2025
XXXIV ENCUENTRO DE CRISTIAN@S DE
BASE DE ASTURIAS
Conclusiones del Encuentro
Los días 9 y 10 de mayo de 2025 celebramos en Gijón el XXXIV Encuentro de Cristianos y
Cristianas de Base de Asturias, bajo el titulo LA PAZ ES EL CAMINO, que concluimos con las
siguientes reflexiones:
1. Según el Instituto de Economía y Paz, existen 56 conflictos activos con 92 países involucrados.
La cifra del gasto militar mundial para 2024 asciende a 2,7 billones de dólares, que son unos 2,4
billones de euros, 190 veces mayor que la ennpleada para combatir el hambre.
2. Ucrania está viviendo una situación de guerra, tras la invasión de Rusia, que le niega su
independencia y soberanía trasgrediendo así el derecho internacional. Estados Unidos y la Unión
Europea rearman a Ucrania provocando un conflicto de larga duración con numerosas víctimas,
sin ninguna propuesta concreta de paz.
3
. P
alestina vive so
m
etida al siste
m
a colonial israelí
,
una de cuyas bases es el sionis
m
o religioso
. D
esde
el
7
de octubre de
2023
en que militantes de
HAMAS
asesinaron a
1150
personas y secuestraron a otras
240
,
lo que constituye un cri
m
en de guerra
,
el ejercito israelí está llevando a cabo un genocidio con
m
ás de
70.000
asesinatos en su
m
ayoría niños
,
niñas y
m
ujeres y casi
100.000
heridos, y un ecocidio
con el 75 por ciento de las infraestructuras destruidas. Todo ello con el apoyo político y militar de
Estados Unidos y de la Unión Europea y ante la pasividad de la comunidad internacional. Israel
viola impunemente el derecho internacional humanitario sin ser objeto de sanciones.
4. Los conflictos bélicos están causando destrucción, muertes, fragmentación social, pobreza,
hambre, sufrimiento, destrucción de la naturaleza, desplazamientos masivos en condiciones
precarias. Los pueblos nunca ganan las guerras y siempre ponen los muertos.
5. U
na
m
irada ecofe
m
inista a la guerra y a la paz nos ha descubierto otras for
m
as de guerra co
m
o la divi-
sión sexual del trabajo y la violencia denero, que atentan contra el corazón, las mentes y los cuerpos
sufrientes de las
m
ujeres y las niñas y contra las personas
LGTBIQ,
así co
m
o ecocidio a nivel planetario.
Denunciamos el apartheid de género al que son sometidas las mujeres afganas oprimidas,
silenciadas, invisibilizadas y tristemente olvidadas.
6. Asistimos a un alarmante crecimiento de narrativas belicistas que presentan la vía de la guerra y
el rearme como la opción inevitable. Cada vez hay s sectores que ridiculizan la defensa de la
paz, de los derechos humanos y del derecho internacional. Crece la impunidad, se normaliza la
banalización del mal y se reduce a las víctimas a simples números.
7. Esta banalización del mal alcanza proporciones inusitadas con la propaganda vigente y reciente
que pretende convencer a la ciudadanía europea de la necesidad de invertir 800.000 millones de
euros para el rearme que, ades de estar encaminados hacia la guerra, se retraerían de servicios
públicos como sanidad, educación y protección social. En nuestra comunidad, Asturias, al parecer
bien colocada en la industria del armamento, sectores políticos y sindicales aparentemente de
ideario pacifista, reciben con alborozo el gran impulso económico que supondrá para nuestra
regi6n este dispendio para generar horror, muerte y desolación.
8. Ante el panorama descrito no podemos guardar silencio, ni ser neutrales, ya que nos
convertiríamos en cómplices. Tampoco podemos caer en actitudes derrotistas y fatalistas, que nos
llevarían a cruzarnos de brazos ante las guerras y las injusticias. Es necesario ponerse del lado
correcto de la historia, que son las personas, los colectivos y los pueblos sufrientes y buscar
alternativas para evitar que la guerra sea eterna.
9. La prioridad en la lucha por la paz es la eliminación de la desigualdad por género, identidad
sexual, etnia, clase social, cultura y religión. El ideal de paz requiere la justicia social y personal y
el cuidado de la integridad de la Tierra.
10.
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. (Mahatma Gandhi)
Gijón 10 de mayo de 2025
Los 10.500 millones de euros que ha "encontrado" el Gobierno para
invertirlos en defensa, es justo la cantidad necesaria para cumplir una
promesa largamente incumplida: destinar el 0,7% del PIB a la cooperación
internacional. Es decir, a garantizar los derechos y el bienestar de millones
de personas.
España está a la cola de los países ricos,
destinando solo un 0,25%
del PIB.
Es decir, ocho veces menos de lo que nos vamos a gastar en defensa (el
2%). A la vez,
muchos grandes países están recortando sus fondos de
ayuda al desarrollo, y cada recorte mata
: en Burkina Faso desaparecerán
servicios de salud esenciales para miles de niñas y mujeres; en Afganistán,
millones perderán atención sanitaria básica.
Hay muchos intereses económicos detrás de estas decisiones. Nos están
robando el futuro en nombre de una falsa seguridad. Y lo peor: no es falta de
dinero, es falta de voluntad.
España no puede seguir ese rumbo, En junio, acogerá la Cumbre de
Financiación para el Desarrollo, y debe levantar la voz y apostar por la
vida, por la paz y por la dignidad. Debe sumarse a quienes defienden que la
seguridad real se construye garantizando derechos, no con más gasto en
defensa y armamento.
Ver vídeo en la dirección: https://www.youtube.com/watch?v=rEi6XBGXwJA
Una buena amiga me ha contado, en repetidas ocasiones, que una vez fue a dar una conferencia a
un pueblo de la costa y, acabada esta, la invitaron a una cena en la que, además del alcalde,
estaban algunas de las fuerzas vivas del pueblo. Uno de ellos preguntaba insistentemente: alcalde,
¿qué hay de lo mío? Lo suyo en cuestión era la licencia para construir unos edificios junto a un
mar de dunas y enfrente de la playa.
El día 21 de abril murió el papa, pero eso ya lo saben quiénes lean estas líneas. Un papa que se ha
señalado por su sencillez, que dejó escrito cómo quería que fuese su entierro y funeral, que no
quería lujos ni boato… Pero una vez más su iglesia hizo oídos sordos a sus deseos.
D
esde el
m
o
m
ento de su
m
uerte
,
los
m
edios de co
m
unicación se llenaron de i
m
ágenes del Vaticano,
recabando opiniones de quienes estaban por allí
. L
as tertulias hicieron del papa y la religión su te
m
a
m
onográfico, y una vez más las tertulianas y tertulianos se convirtieron en expertos, en este caso
del fenómeno religioso y teologal (or cierto, no si alguna vez lo he dicho aquí, pero si existe la
reencarnación, yo me pido ser tertuliana. Son los que más saben de todo y en cualquier momento).
Durante estos últimos días se ha repetido hasta la saciedad las veces que el papa ha hablado de la
dignidad de la mujer, de la necesidad de su presencia en todos los estamentos, también en la
iglesia, donde con él las mujeres hemos llegado a algunos puestos hasta ahora ocupados por los
varones. Se ha abierto alguna ventana, pero las puertas siguen cerradas.
“Las mujeres tienen una capacidad de gestión y de pensamiento totalmente igual a la nuestra, y
también yo diría superior a la nuestra, de otra manera”.
“Toda violencia infligida a la mujer es una profanación de dios nacido de una mujer. La salvación
para la humanidad vino del cuerpo de una mujer”
Las citas en defensa de la igualdad y la dignidad de la mujer por parte de Francisco son muchas y
variadas y no es este el espacio para recogerlas.
Lo que quiero recoger es la falsedad y la hipocresía de tantos y tantas que dicen admirar y
valorar la figura de Francisco y luego hacen todo lo contrario del legado que él nos ha dejado.
Basta con ver quienes ocupaban los primeros puestos en el funeral. Dolía, y mucho, ver a Donald
Trump, y Javier Milei, quienes defienden políticas antievangélicas e inhumanas que el papa
condenó en más de una ocasión.
También quiero recoger el dolor de las imágenes que han precedido a la muerte del papa. Unas
imágenes estéticamente llenas de belleza, pero ética y moralmente llenas de dolor para quienes
esperamos un cambio en nuestra iglesia.
Si tuviera ganas de broma, cogería cualquier foto del funeral, con todos los cardenales, obispos,
presbíteros y, copiando el juego de “Dónde está Wally”, preguntaría ¿dónde hay una mujer?
¿Dónde están las mujeres? Las mujeres estarían dentro, sacando lustre al altar, limpiando las
habitaciones, preparando la comida… Y eso es violencia. “Toda violencia infligida a la mujer es
una profanación de dios nacido de una mujer”, dice el papa, pero ¿quién lo escucha?
C
uando escribo estas líneas aún no ha e
m
pezado el
C
ónclave
,
no tene
m
os nuevo papa
. T
odo son interro-
gantes
,
preguntas
,
incertidu
m
bres
,
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m
bién esperanza
Y
yo le preguntaré al papa nuevo
: ¿Q
hay de
lo o
?, ¿
qué hay de lo nuestro
? D
e la igualdad
,
de dejar de ser una iglesia clerical
,
pira
m
idal y patriarcal.
Por cierto, el constructor que preguntaba al alcalde qué hay de lo mío, consiguel permiso y
construyó sus pisos al lado de las dunas y enfrente del mar.
Mantengamos la esperanza y no nos dejemos llevar por el desaliento. Lo conseguiremos porque
somos muchas, también algún mucho, luchando #HastaQueLaIgualdadSeHagaCostumbre
Estados Unidos creó el sistema comercial mundial moderno. Las normas que rigen los
aranceles y el proceso de negociación que los redujo con el tiempo surgieron de la
Ley de Acuerdos Comerciales Recíprocos, ideada por Roosevelt en 1934. El creci-
miento del comercio internacional bajo ese sistema tuvo algunos aspectos negativos,
pero en general fue muy positivo para Estados Unidos y el mundo. Fue, de hecho, uno
de nuestros mayores logros políticos.
L
os aranceles que anunció
T
ru
m
p fueron
más
altos de lo que casi nadie esperaba. Esto
supone un i
m
pacto
m
ucho
m
ayor para la econo
m
ía que el infa
m
e arancel
Sm
oot
-
H
a
w
ley
de 1930, sobre todo si tenemos en cuenta que el comercio internacional es
aproximadamente tres veces más importante ahora que entonces.
Sin embargo, la magnitud de los aranceles no fue lo único impactante del anuncio en
el Jardín de las Rosas. Podría decirse que lo que aprendimos sobre cómo el equipo de
Trump llegó a esas tasas arancelarias la absoluta y malvada estupidez de todo el
asunto fue aún peor.
P
odría verse tentado a descartar las quejas sobre el proceso político co
m
o esnobis
m
o elitista
.
P
ero la credibilidad es crucial en la for
m
ulación de políticas
. L
as e
m
presas no pueden plani-
ficar si no tienen idea de qué esperar
. L
os gobiernos extranjeros no elaborarán políticas
que beneficien a Estados Unidos si no esperan que respondamos racionalmente.
Entonces, ¿qué sabemos sobre cómo los trumpistas llegaron a su plan arancelario?
Trump afirmó que los aranceles impuestos a diferentes países reflejaban sus políticas,
pero James Surowiecki pronto señaló que los aranceles aplicados a cada país parecían
derivarse de una fórmula rudimentaria basada en el déficit comercial de Estados
Unidos con ese país. Los funcionarios de Trump lo negaron, mientras que la Oficina
del Representante Comercial de Estados Unidos publicó una nota que confirmaba la
suposición de Surowiecki.
¿Q
un for
m
ula poticas de esta manera
?
L
a clave es que
T
ru
m
p no busca real
m
ente lograr
objetivos econó
m
icos
. T
odo esto debería verse co
m
o una de
m
ostración de dominio,
des-tinada a conmocionar, atemorizar y humillar a la gente, en lugar de una política
en el sentido habitual.
D
e nuevo
,
no pretendo ser presuntuoso
. C
uando el destino de la econo
m
ía
m
undial está
en juego, la perversa estupidez del proceso político es posiblemente tan importante
como las propias políticas. ¿Cómo puede alguien, ya sean empresarios o gobiernos
extranjeros, confiar en algo que salga de una administración que se comporta así?
L
o próxi
m
o que
m
e dirán es que la gente de
T
ru
m
p es planeando acciones
m
ilitares a tras
de canales inseguros y co
m
partiendo esos planes sin querer con periodistas
. A
h
,
esperen.
Me gustaría imaginar que Trump admitirá que se equivocó, cancelará todo y empe-
zará de cero. Pero no lo hará, porque eso arruinaría la demostración de dominio. La
irresponsabilidad ignorante es parte del mensaje.
Paul Krugman
Premio Nobel de Economía 2008
Se pueden hacer toda clase de estudios y diagnósticos. Lo cierto es que el
mundo necesita hoy savia nueva para vivir. Las Iglesias andan buscando
aliento y esperanza. Las muchedumbres pobres del planeta reclaman justicia
y pan. Occidente ya no sabe cómo salir de esa tristeza mal disimulada que
ningún bienestar logra ocultar.
El problema no es solo de cambios políticos ni de renovaciones teológicas,
sino de vida. Estamos necesitados de algo parecido al «fuego» que prendió
Jesús en su breve paso por la tierra: su mística, su lucidez, su pasión por el
ser humano. Necesitamos personas como él, palabras como las suyas,
esperanza y amor como los suyos. Necesitamos volver a Jesús.
Desde el inicio, los cristianos vieron que él podía guiar a los seres humanos.
Con su conocido lenguaje, el cuarto evangelio lo presenta como el «pastor»
capaz de liberar a las ovejas del aprisco donde se encuentran encerradas
para «sacarlas afuera», a un país nuevo de vida y dignidad. Él marcha por
delante marcando el camino a quienes lo quieren seguir.
Jesús no impone nada. No fuerza a nadie. Llama a cada uno «por su
nombre». Para él no hay masas. Cada uno tiene nombre y rostro propios.
Cada uno ha de escuchar su voz sin confundirla con la de extraños, que no
son sino «ladrones» que quitan al pueblo luz y esperanza.
Esto es lo decisivo: no escuchar voces extrañas, huir de mensajes que no
vienen de Galilea. Siempre que la Iglesia ha buscado renovarse se ha
desencadenado una vuelta a Jesús para seguir de nuevo sus pasos. Como
se ha recordado tantas veces, «sígueme» es la primera y la última palabra de
Jesús a Pedro (Dietrich Bonhoeffer).
Pero volver a Jesús no es tarea exclusiva del papa ni de los obispos. Todos
los creyentes somos responsables. Para volver a Jesús no hay que esperar
ninguna orden. Francisco de Asís no esperó a que la Iglesia de su tiempo
tomara no qué decisiones. Él mismo se convirtió al evangelio y comenzó
la aventura de seguir a Jesús de verdad. ¿A qué tenemos que esperar para
despertar entre nosotros una pasión nueva por el evangelio y por Jesús?
José Antonio Pagola
Publicado en www.gruposdejesus.com
En los últimos años, el debate entre lo público y lo privado ha cobrado una importancia central
en nuestras sociedades. Sectores esenciales como la sanidad, la educación, el transporte o la
vivienda se encuentran en el centro de una pugna que no es meramente técnica o adminis-
trativa, sino profundamente política: ¿quién controla los recursos que sostienen la vida? ¿Y a
quién benefician?
La sanidad pública garantiza el acceso universal a la atención médica, independientemente del
nivel de ingresos. En contraste, los sistemas privados convierten la salud en un bien de
consumo: quien puede pagar, recibe atención de calidad; quien no, queda marginado o
endeudado. Esta desigualdad se profundiza cuando los gobiernos recortan fondos públicos y
fomentan los seguros privados, generando una doble vía: una sanidad precaria para la mayoría,
y otra premium para las élites.
La educación sigue un patrón similar. La escuela pública, pese a sus limitaciones, promueve la
equidad de oportunidades y el acceso al conocimiento como un derecho. La educación privada,
por su parte, segmenta a la sociedad desde la infancia, reproduciendo privilegios de clase bajo
una lógica meritocrática que ignora las desigualdades de partida. Cuando los recursos públicos
se desvían hacia conciertos o subvenciones a centros privados, se desmantela la capacidad del
Estado para garantizar un sistema justo y universal.
El problema de la vivienda es otro eje fundamental en esta disputa. El acceso a un techo digno
y asequible debería ser un derecho garantizado, pero la lógica del mercado inmobiliario lo
convierte en un lujo. La especulación, la turistificación y la financiarización del suelo urbano
impulsadas por fondos de inversión, bancos y plataformas digitales han transformado la
vivienda en una mercancía para acumular capital, no en un bien social. Mientras los precios
del alquiler se disparan y las hipotecas aprietan, las políticas públicas de vivienda son
desmanteladas o convertidas en oportunidades de negocio a través de asociaciones público-
privadas, venta de viviendas sociales o concesión de suelo público a promotores privados. La
vivienda, como la sanidad o la educación, se convierte así en un campo más de extracción de
rentas a costa del bienestar colectivo.
La ofensiva privatizadora no es neutra: responde a los intereses de una minoría económica que
busca convertir derechos en negocios. Las estrategias de esta ofensiva son múltiples y
complementarias. Incluyen la subfinanciación deliberada de los servicios públicos para
provocar su deterioro; la externalización de funciones clave a empresas privadas, bajo la
promesa de eficiencia; la imposición de marcos legales que favorecen la competencia del
sector privado sobre el público; y campañas mediáticas que desacreditan lo común como
ineficiente o anticuado. En paralelo, se promueve la idea de que la libertad individual pasa por
“elegir proveedor”, invisibilizando el hecho de que no todos pueden pagar esa elección.
Cada escuela, hospital o bloque de viviendas privatizado representa una oportunidad de lucro
para fondos de inversión, aseguradoras, constructoras o grandes corporaciones tecnológicas.
La mercantilización de lo público forma parte de una estrategia más amplia de acumulación
por desposesión: quitar a las mayorías lo que es suyo sus derechos, sus espacios, sus redes
de solidaridad para enriquecer a unos pocos.
En este sentido, la privatización es una expresión directa de la lucha de clases. No es una
casualidad que las oligarquías promuevan recortes, externalizaciones y reformas neoliberales:
debilitando lo público, consolidan su dominio sobre los mecanismos de reproducción social.
Mientras tanto, la clase trabajadora pierde herramientas de protección y canales de movilidad
social. La desigualdad se institucionaliza, y la democracia se vacía de contenido real.
Conclusión: La disputa entre lo público y lo privado no es solo un tema de eficiencia o costes:
es una disputa sobre el modelo de sociedad que queremos. Defender lo público es defender la
democracia, la igualdad y el derecho a una vida digna. En tiempos de crisis climática,
desigualdad rampante, emergencia habitacional y precariedad estructural, apostar por lo común
no es una nostalgia: es una urgencia política. La garantía de derechos colectivos no puede
subordinarse a las leyes del mercado: requiere una voluntad política clara de recuperar y
reforzar lo público como eje vertebrador de una sociedad justa.
Frente a esta ofensiva privatizadora, el interés de las clases populares, de las mayorías
desposeídas, es claro: apoyar sin ambigüedades políticas progresistas que refuercen y amplíen
lo público, que recuperen la capacidad del Estado para planificar y garantizar el bienestar
colectivo. Esto implica no sólo detener las privatizaciones, sino avanzar decididamente hacia
la nacionalización de sectores clave de la economía como la energía, la banca, el transporte,
la sanidad o la industria farmacéutica que hoy se encuentran en manos de grandes
corporaciones cuyo único objetivo es maximizar beneficios, incluso a costa del sufrimiento
social o del colapso ecológico.
La energía eléctrica, por ejemplo, es un bien esencial para la vida moderna. Sin embargo, las
compañías eléctricas privadas fijan precios abusivos, especulan con la pobreza energética y se
benefician de un marco legal que les garantiza impunidad y rentabilidad. Lo mismo ocurre con
las farmacéuticas, que comercializan la salud, y con los bancos, que privatizan los beneficios y
socializan las pérdidas. Estos sectores no deberían estar sometidos a la lógica del lucro, sino
gestionados democráticamente para responder a las necesidades colectivas.
Sin embargo, para que las clases trabajadoras y populares puedan tomar conciencia de esta
realidad y actuar en consecuencia, es necesario romper el cerco ideológico impuesto por las
clases dominantes. Estas no sólo controlan los medios de producción económica, sino también
los aparatos de producción simbólica: los medios de comunicación, el sistema educativo, la
cultura de masas. A través de ellos moldean percepciones, inculcan valores individualistas y
meritocráticos, invisibilizan las causas estructurales de la desigualdad y desactivan la
conciencia de clase. Se presenta lo público como ineficiente, lo colectivo como arcaico, y lo
privado como sinónimo de libertad y progreso.
Esta hegemonía cultural tiene como objetivo impedir que los oprimidos comprendan el origen
de su situación y se organicen políticamente para transformarla. Se difunde un relato que
responsabiliza al individuo de su destino, mientras se ocultan las estructuras que perpetúan la
injusticia. Por eso, democratizar la información, fomentar una educación crítica y promover
espacios autónomos de organización y pensamiento son tareas fundamentales para revertir esta
desposesión no solo material, sino también simbólica.
Sólo recuperando la soberanía sobre los recursos, los servicios esenciales y los imaginarios
colectivos será posible construir una sociedad verdaderamente democrática, en la que el
bienestar no sea privilegio de unos pocos, sino derecho de todos. Lo público no es sólo un
conjunto de instituciones: es la expresión política de un proyecto común de vida digna.
El reciente relevo en el papado ha vuelto a poner al Vaticano en el centro del interés
mediático global. Durante semanas, los medios han ofrecido una cobertura continua,
enfocada en el proceso del cónclave y en las características personales del nuevo pon-
tífice. Sin embargo, esta avalancha informativa ha dejado fuera del foco cuestiones
más profundas y urgentes: ¿cómo se ejerce la autoridad en la Iglesia católica? ¿Qué
papel tienen los fieles en su organización? ¿Y hasta qpunto esta estructura res-
ponde al espíritu del Evangelio que dice representar?
La forma en que los medios han tratado este cambio de pontífice ilustra una tendencia
preocupante: la trivialización del debate sobre el modelo institucional eclesial. Se ha
especulado con entusiasmo sobre si el nuevo papa será reformista o tradicionalista, si
vendrá del norte o del sur global, si tendrá un estilo cercano o más doctrinal. Pero se
ha evitado abordar el verdadero problema de fondo: el carácter estructuralmente anti-
democrático y excluyente del actual sistema eclesiástico.
En pleno siglo XXI, la Iglesia continúa rigiéndose por una lógica jerárquica y vertical
que excluye del proceso de decisión a la inmensa mayoría de sus miembros. Los
laicos
y especialmente las mujeres
siguen sin voz ni voto real en las instancias
donde se decide el rumbo pastoral, teológico e institucional de la comunidad eclesial.
El acceso al poder está reservado exclusivamente al clero ordenado, dentro de una
estructura que no ha sido pensada para la corresponsabilidad, sino para la obediencia.
Este modelo no lo es anacrónico en comparación con otras organizaciones sociales
que han adoptado formas representativas y participativas de gobierno, sino que entra
en tensión directa con la eclesiología del Vaticano II, que recuperó la idea del Pueblo
de Dios como sujeto activo de la vida eclesial. No obstante, aquella intuición conciliar
ha sido obstaculizada sistemáticamente por un aparato institucional más preocupado
por preservar el poder que por renovarlo.
Este modelo jerárquico no surgió de forma espontánea. Fue el resultado de siglos de
consolidación institucional, en los que la Iglesia fue asumiendo rasgos cada vez más
alejados del movimiento de Jesús. En ese proceso, se relegó progresivamente el
núcleo profético y liberador del
E
vangelio en beneficio de una estructura centrada en el
culto, la liturgia y el control doctrinal
. S
e absolutizó el rol del clero co
m
o
m
ediador exclu
-
sivo entre Dios y el pueblo, mientras que la comunidad cristiana fue transformándose
en audiencia pasiva, alejada de la praxis transformadora del Reino de Dios.
D
urante largos periodos de su historia
,
la
I
glesia invirt
m
ás energía en preservar for
m
as
externas
ritos, solemnidades, normas litúrgicas
que en encarnar la buena noticia a los
pobres
,
la justicia para los excluidos o la denuncia profética frente a los poderes opresores
.
E
sta hipertrofia de lo cultual frente a lo co
m
unitario y misionero sigue siendo un lastre
para una renovación auténtica. Recordar y retomar el proyecto liberador de Jesús es
condición necesaria para cualquier intento serio de reforma eclesial.
Resulta aún más grave que esta estructura rígida se ampare en una supuesta legiti-
midad divina, presentando el poder eclesial como inapelable e incuestionable. Sin
embargo, el Evangelio ofrece una visión radicalmente distinta de la autoridad. Jesús,
lejos de ejercer un poder dominador, se presentó como servidor: El que quiera ser el
primero, que sea el último de todos y el servidor de todos (Mc 9,35). En su trato con
los marginados, en su crítica a los poderes religiosos de su tiempo y en su forma de
convocar a la comunidad, Jesús relativizó cualquier forma de autoridad que no se
pusiera al servicio del bien común.
La fidelidad al mensaje evangélico no puede sostener una estructura eclesial que
concentre el poder en una élite clerical, que excluye la pluralidad de carismas y que
margina sistemáticamente a las mujeres. Más bien, exige una transformación profun-
da hacia un modelo de Iglesia en el que la autoridad sea verdaderamente represen-
tativa y ejercida como servicio, no como privilegio.
La masa de fieles, por su parte, parece oscilar entre la resignación y la esperanza
cautelosa. Muchos intuyen que no basta con esperar un papa bueno o un estilo más
accesible. Lo que está en juego es mucho más profundo: se trata de discernir si la
Iglesia está dispuesta a asumir las consecuencias del Evangelio que proclama y a
revisar las estructuras de poder que impiden vivirlo en plenitud.
En las sociedades democráticas, los católicos participan activamente en procesos polí-
ticos donde tienen derechos, voz y capacidad de incidencia. Sin embargo, dentro de su
propia
I
glesia
,
estos
m
is
m
os ciudadanos son tratados co
m
o súbditos
,
sin canales efectivos
de participación en las decisiones que afectan a su comunidad de fe. Esta contradic-
ción clama por una solución. ¿Hasta cuándo aceptaremos esta excepción eclesial que
niega a los creyentes lo que se reconoce como justo en otros ámbitos de la vida?
E
l relevo papal debería ser ocasión para pensar a fondo sobre estos te
m
as
. N
o se trata de
una cuestión secundaria o meramente organizativa. Es una cuestión teológica, evangé-
lica y pastoral. ¿Podemos seguir defendiendo una estructura de poder que no refleja ni
el mensaje de Jesús ni la dignidad de los fieles? ¿Podemos seguir postergando una
reforma que hace décadas es reclamada por amplios sectores del Pueblo de Dios?
Lo que está en juego es la credibilidad misma de la Iglesia y su capacidad de encarnar
el Evangelio en un mundo que necesita comunidades vivas, abiertas y correspon-
sables. Tal vez sea hora de dejar de esperar un cambio desde arriba y comenzar a
construir, desde las bases, una Iglesia más fiel a su origen y más libre de las cargas
del poder institucionalizado.