en torno al templo de Jerusalén, y más en concreto, la escena de la -mal llamada- “purificación del
templo” (Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19.45-48).
Indignado con el patriarcado
Jesús mostró su indignación con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo
histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, con más empeño incluso que las
indignaciones antes descritas, ya que las iglesias cristianas han elaborado una cristología androcéntrica y
se han configurado patriarcalmente. Tampoco la exégesis descubrió esa indignación ya que ha operado,
hasta muy recientemente, con métodos histórico-críticos consciente o inconscientemente misóginos.
Jesús denunció las múltiples marginaciones a las que eran sometidas las mujeres por la religión y la
política, se opuso a las leyes que las discriminaban (lapidación por adulterio, libelo de repudio) y las
incorporó a su movimiento en igualdad de condiciones que a los varones y con el mismo protagonismo,
como expuse en el capítulo dedicado al cristianismo comunitario fraterno-sororal. El movimiento de Jesús
comenzó precisamente en Galilea en el seno de un grupo de mujeres emancipadas del patriarcado, que lo
acompañaron hasta el momento trágico de su crucifixión y fueron las primeras testigos de la experiencia de
la Resurrección, que dio origen a la Iglesia cristiana. Fue en el movimiento de Jesús donde ellas
recuperaron la dignidad que les negaba la religión oficial, la ciudadanía que les negaba el Imperio y la
libertad que les negaban sus conciudadanos varones.
Indignado con Dios
F
ue sin duda
la indignación
m
ás dolorosa
,
la que
m
ás desgarro interior le provocó y la que puso a prueba su fe
y su esperanza. Jesús se había dirigido a Dios con plena confianza y familiaridad llamándole cariñosamente
Abba. Le experimentaba como una persona de quien podía fiarse plenamente. Dios era el centro de su vida,
el horizonte de su proyecto liberador, el sentido de su existencia. Pero no el Dios lejano, sino el Dios de la
esperanza, compasivo, abogado de la gente empobrecida. Nada había que lo separara de él.
Sin embargo, llegado el momento de la prueba y de la persecución en Getsemaní, Jesús siente pavor,
angustia, una profunda tristeza, y vuelve a dirigirse a Dios con la misma confianza con que lo había
hecho antes, para comunicarle el terrible trance por el que estaba pasando y la crisis de sentido que le
rondaba. Es en ese momento en el que el conflicto con Dios se muestra en toda su radicalidad. Le pide
cuentas a Dios por no estar de su lado cuando le llega el agua al cuello.
Estando en la cruz, le expresa su más profunda decepción y lanza un grito de protesta y de angustia: “Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). Le pide cuentas por haberle abandonado. La
crisis de fe y de esperanza había tocado fondo. En ese momento, al decir de Jürgen Moltmann, “sintió
desesperación”.
Esa es la gran paradoja del Dios cristiano: cuando se le siente cerca, parece alejarse; cuando se recurre
a él, da la impresión de que no escucha; cuando se le busca, parece que nunca se le encuentra. Y
viceversa: habla en el silencio, acompaña en el camino sin ser visto. Es solidario en la distancia. Jesús
también experimentó esa paradoja en su relación con Dios.
E
stas
m
anifestaciones de la indignación de
J
esús de
N
azaret
a lo largo de su actividad pública con
D
ios, los
poderes económicos, políticos, religiosos, patriarcales, y con quienes los detentaban
constituyen un desafío
para los cristianos y cristianas de hoy
, pero
ta
m
bién para las ciudadanas y los ciudadanos indignados con causa
.
Y
no para sacralizar la lucha de los Indignados, sino para sumar fuerzas y razones a favor de la indignación
contra las injusticias de nuestro mundo, generadas por la religión del mercado, que ha sometido a su tiranía
a la religión, la política, la economía, la ética, y hasta la conciencia de no pocos ciudadanos y ciudadanas.
La convergencia de voces, manos, voluntades, utopías, proyectos emancipatorios y sueños “despiertos”
puede liberar del fatalismo histórico, que atenaza hoy a la humanidad, y deja abierta la puerta a la esperanza
de “otro
m
undo posible
”. P
orque no todo está perdido
. ¡Hay alternativas! Y la indignación de Jesús y de sus
seguidores y seguidoras puede contribuir a su búsqueda.
Conferencia pronunciada en el Foro Espiritualidad, Democracia y Ciudadanía. Guatemala- 21 de agosto de 2025