V
ivi
m
os un tie
m
po so
m
brío
. A
comienzos de septiembre de 2025, el mundo y nuestra propia
nación se sienten atrapados en una espiral de crisis que nos interpelan profundamente.
Como colectivo de Cristianos de Base, no podemos ni debemos permanecer impasibles
ante esta realidad. Es nuestra obligación, como seguidores de Jesús de Nazaret, ser la voz
que denuncie las injusticias y la mano que actúe para construir un mundo más justo.
Un mundo en tinieblas: de guerras a la injusticia económica
L
a geopolítica actual presenta un panorama desolador
. L
as guerras en
U
crania y
G
aza siguen
cobrándose un precio altísi
m
o en vidas hu
m
anas
, m
ostrando la brutalidad del conflicto y el fracaso
de la diplomacia. A nivel global, la agresiva política de la potencia imperialista liderada por
Trump promueve una guerra económica que ahoga a los países más vulnerables y un
rearme militar que desvía recursos esenciales que deberían destinarse a resolver problemas
sociales urgentes. Mientras unos pocos se enriquecen con el comercio de armas, millones
de personas sufren las consecuencias de la pobreza y la falta de servicios básicos.
En nuestra propia tierra, el fuego devora el campo. Los incendios forestales que asolan
España no son un accidente, sino el resultado de políticas nefastas. La despoblación rural y
el abandono del campo, sumados a una política que privilegia la reducción de impuestos
sobre el cuidado de los servicios sociales, nos han hecho vulnerables. Este desprecio por lo
público y por la vida en el campo no sólo destruye la naturaleza, sino que también desvela
la profunda desigualdad de nuestra sociedad.
El inquietante telón de fondo de este escenario de crisis global es el auge de la extrema
derecha, tanto a nivel nacional como internacional. Sus discursos de odio y exclusión
dividen a las comunidades y amenazan los derechos y libertades que tanto costó conseguir.
La base de esta ideología se cimienta en la xenofobia y la aporofobia.
La xenofobia, el miedo u hostilidad hacia el extranjero, se manifiesta en narrativas que
demonizan a los inmigrantes y refugiados. Se les acusa de ser la causa de todos los males
sociales: la inseguridad, el desempleo y el deterioro de los servicios públicos. Se fomenta
así un rechazo a la diversidad cultural y un nacionalismo excluyente, que ve en el "otro"
una amenaza a la identidad y la cohesión nacional. Se construyen muros, se endurecen las
políticas migratorias y se niega la ayuda humanitaria, todo ello bajo el pretexto de
"proteger" a la población local.
Paralelamente, la aporofobia, o el rechazo al pobre, se convierte en un pilar fundamental de
su discurso. Esta política no solo desprecia al inmigrante, sino también a las personas sin
recursos, independientemente de su origen. Se les considera una carga social y se les culpa
de su propia situación, ignorando las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad.
Esta aversión al pobre justifica la reducción de las ayudas sociales y la privatización de
servicios esenciales, argumentando que el Estado no debe mantener a los que no trabajan.
Así, esta política de extrema derecha, basada en la xenofobia y la aporofobia, crea una
sociedad fracturada y sin empatía. En lugar de abordar las causas reales de los problemas
como las guerras, el cambio climático o la injusticia económica, estos movimientos
señalan a los más vulnerables como chivos expiatorios. El resultado es un retroceso en los
valores de solidaridad y humanidad, erosionando la cohesión social y amenazando los
cimientos de una sociedad justa e inclusiva.
B
oletín nú
m
. 79
- 2 de septiembre de 2025
La Iglesia y nuestra misión
A
nte esta crisis, la respuesta de la Iglesia resulta, en muchos casos, lamentable. Observamos
con preocupación cómo el tradicional clericato conservador, lejos de abrazar el mensaje
liberador de Jesús, se alinea con las élites y las clases dominantes
. E
sta traición al
E
vangelio
convierte a la Iglesia en una institución pasiva, sin horizontes de reforma, incapaz de
ofrecer una respuesta significativa a los problemas que atormentan a la humanidad.
La desviación del verdadero mensaje de Jesús
Este sector clerical conservador promueve una forma de fe centrada en la devoción cultual
y litúrgica
. S
e enfatiza la observancia de ritos
,
la veneración de i
m
ágenes y la participación en
cere
m
onias
,
ele
m
entos que se utilizan para desviar la atención del verdadero segui
m
iento de
Jesús
. S
e busca alejar a los fieles de la esencia de su mensaje: una acción comprometida con
la justicia social, el cuidado de los marginados y la denuncia de las estructuras de opresión.
Jesús de Nazaret, por el contrario, no fue un der pasivo. Su vida fue una constante
confrontación con el poder establecido, con el mercado y el dinero, y con las formas de
propiedad que sustentaban ese sistema. Expulsó a los mercaderes del Templo, denunció la
riqueza como un obstáculo para la entrada al Reino de Dios y compartió sus bienes con los
más necesitados. En este sentido, la propuesta de Jesús es radicalmente opuesta a un
sistema económico que genera desigualdad y explota a los más débiles.
La traición a la esencia del Evangelio
L
a traición del clero conservador consiste precisamente en esto
:
en ree
m
plazar la esencia profética
y liberadora de Jesús por una fe cómoda y descomprometida. Se predica una resignación
pasiva ante las injusticias, en lugar de un compromiso activo para transformar el mundo. Al
hacerlo, se convierte a la Iglesia en un baluarte de la tradición y el orden establecido, en
lugar de ser un motor de cambio.
E
n lugar de desafiar las estructuras de poder que perpetúan la pobreza y la desigualdad
,
ese sector
eclesial se alía con ellas. Esta pasividad se convierte en complicidad, y la Iglesia, en lugar
de ser un refugio para los oprimidos, se transforma en un espejo de las clases dominantes,
olvidando que el Evangelio es, en su núcleo, un llamado a la liberación de los cautivos, la
justicia para los oprimidos y la subversión de los poderes de este mundo.Pero la fe en Jesús
de Nazaret no es para la pasividad, sino para la acción. Inspirados por la Teología de la
Liberación, creemos que el mensaje de Jesús es, en esencia, subversivo y revolucionario.
Él se puso del lado de los pobres y los oprimidos, desafiando a los poderosos de su tiempo.
Nos enseñó que el Reino de Dios no es una promesa lejana, sino un proyecto a construir
aquí y ahora, a través de la justicia, la solidaridad y el amor.
La llamada a la acción: ser sal de la tierra y luz del mundo
N
uestro colectivo
,
y todos los que se sientan interpelados por esta realidad
,
debemos asu
m
ir nuestra
responsabilidad. Estamos llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra. Ser sal significa darle
sabor y sentido a una sociedad que se ha vuelto insípida por la indiferencia
. S
ignifica actuar en
el
m
undo
,
denunciando la injusticia y pro
m
oviendo la igualdad
. S
er luz es ilu
m
inar los ca
m
inos
de la esperanza donde sólo parece haber oscuridad, mostrando que otro mundo es posible.
N
o pode
m
os ser có
m
plices de la pasividad ni del silencio
. N
uestra fe nos exige to
m
ar partido
,
co
m
o lo hizo Jesús
. P
or eso
,
debe
m
os dirigirnos a todos los cristianos y a todas las personas de
buena voluntad a unirse a este ca
m
ino de transfor
m
ación
. D
ifundir nuestro
m
ensaje
,
organizar
la acción social y trabajar incansable
m
ente por los derechos de los
m
ás vulnerables no es
una opción, sino una necesidad imperante.
Es hora de dejar de ser una Iglesia sin horizontes. Es hora de actuar. Es hora de encender la
luz. El seguimiento de Jesús es un acto de liberación, y en estos tiempos oscuros, es la
única respuesta que tiene sentido.
J
a
m
il
C
hade
,
periodista brasilero e internacional
,
expresó
m
uy bien el proyecto de geopolítica
de Trump: “Él ha dejado claro que no va a hacer diplomacia. Actuará con la fuerza, tanto
bélica como económica y comercial. Su construcción de un nuevo orden no pasa por la paz,
sino por la capitulación del adversario”. Los acuerdos arancelarios con casi todos los países
son más imposiciones suyas que el fruto de una negociación. Eso se llama capitulación. Es
mérito del gobierno brasilero, reconocido por grandes nombres de la economía y de la
política mundiales, no curvarse sino rechazar soberanamente la imposición del 50% sobre
nuestros productos, por razones injustificables. Trump es militarista e imperialista.
E
s necesario por tanto buscar las causas escondidas detrás de ese i
m
perialis
m
o y de la negación de
la diplo
m
acia así co
m
o a
m
enazar con guerra y capitulación
. E
s su voluntad de do
m
inación
,
se-
gún el
m
antra
:
un
m
undo
-
un solo i
m
perio
(
el de
USA). H
ay que reconocer que hay un gran con-
flicto de intereses geopolíticos
,
étnicos
,
econó
m
icos y la existencia de profundas desigualdades
especial
m
ente en el
S
ur global frente al
N
orte global
,
que pueden a
m
enazar al i
m
perio establecido
.
Es preciso identificar estas conexiones ocultas como condición para entender la geopolítica
de Trump y también para coseguir una paz verdadera y duradera. La respuesta no es otra
guerra, sino una paz desarmada y que desarma según el Papa actual. Esta paz desarmada
utiliza medios políticos, diplomáticos, las articulaciones con otros gobiernos que también
quieren la paz, los movimientos sociales, la movilización de las religiones e iglesias y la
implicación con grupos con prácticas alternativas.
Chico Mendes en la Amazonia era un adepto de este tipo de paz desarmada. Movilizaba a
los pueblos de la selva, los seringueros e indígenas para hacer frente a los puestos
avanzados de deforestación, organizando los famosos “empates”, reuniones de todo tipo de
personas (niños, mujeres, personas mayores y trabajadores con sus herramientas de trabajo)
que se colocaban delante de los tractores que iban a derribar la selva.
Ese tipo de paz que se enfrenta a la violencia es simultáneamente una geopolítica, con su
estrategia y táctica, y también un espíritu de paz profunda que renuncia al recurso de la
violencia como forma de resolver conflictos y de lidiar con ellos, procurando que sean lo
menos destructivos posibles. Así es anti- imperialista y excluye la guerra como medio de
crear un nuevo orden entre las naciones, como quiere Trump. La guerra es perversa porque
destruye vidas, especialmente inocentes, como sigue sucediendo en la Franja de Gaza. Ella
se opone frontalmente al mandamiento transcultural: “no matarás”.
La paz armada no tiene como objetivo la paz, sino una pacificación impuesta por Trump.
Presupone que la realidad es una arena donde se libran permanentemente conflictos y
guerras. La convivencia entre las personas, las comunidades y los pueblos es posible pero
está amenazada por rupturas permanentes. Los estados-naciones y los países centrales que
hegemonizan el curso de la historia son campos de lucha por el poder para ver quién es el
más fuerte con una eventual “destrucción mutua asegurada”.
El gran jurista y politólogo Carl Schmitt (1888-1986) en su O conceito do político, (Vozes,
2003)
sustenta la tesis de que la identidad de un pueblo se define y se reafir
m
a en la
m
edida en
que es capaz de identificar a un ene
m
igo y darle co
m
bate per
m
anente
,
en forma de prejuicio,
de difamación y de satanización del otro. No sin razón fue el ideólogo de Adolf Hitler. Carl
von Clausewitz (1780-1831: Da guerra, 1976) da centralidad a la guerra como fuerza
conductora de la historia y ve la política como la guerra llevaba a cabo por otros medios.
Tales visiones de violencia produjeron primeramente el asesinato administrativo practicado
por el colonialismo europeo en África, en América Latina y en Asia, acabando en pocos
años con millones de indígenas, como fue el caso de México y del Caribe en el siglo XVI.
Con la guerra total, inaugurada por Hitler en la Segunda Guerra Mundial, vino acoplada a la
“fabricación sistemática de cadáveres en los campos campos de exterminio nazi” (Hannah
Arendt). Estas “fábricas de exterminio” no obedecían a ninguna necesidad militar. En ellas
imperaba la ejecución banal, burocrática y técnica de la muerte sin ningún escrúpulo ni
sentimiento moral. Era la pura expresión del racismo y del odio. Solamente en el siglo XX
murieron 200 millones de personas en las muchas guerras que ha habido. Esto representa
un alto nivel de barbarie y la negación de todo principio civilizatorio.
Ahora en los últimos años han surgido las armas de destrucción masiva, especialmente las
que usan la Inteligencia Artificial General con sus miles de millones de algoritmos, capaces
de poner fin a la especie humana y a gran parte de la biosfera.
Esta modalidad de guerra ha alterado profundamente la percepción que el ser humano tiene
de mismo. Él puede acabar consigo mismo. Su fin no resulta de un cataclismo natural ni
por voluntad divina, sino por la propia decisión humana o por delegación a la IA autónoma,
cuyas decisiones escapan al control humano. Después de habernos apropiado del alfabeto
genético de la vida, el ser humano acaba de apropiarse de su propia muerte.
Tal hecho adquiere dimensiones metafísicas que hacen pensar en quién es el ser humano y
cuál es su lugar en el universo. Él fue el último de los seres mayores en entrar en el proceso
evolutivo: ¿no será que fue para poner fin a este proceso, convirtiéndose en el gran asesino
de nuestro sistema solar y afectando a todo el proceso cosmogénico?
Tales constataciones de alta perversidad están en la cabeza de Trump. Se ha comprobado
que los Estados Unidos desde su fundación han estado siempre involucrados en alguna
guerra, solo han tenido 17 años de paz.
No por eso dejamos de confiar en el ser humano, capaz de crear relaciones pacíficas y así
dar espacio a la paz desarmada y no a la guerra.
26.08.2025 José Manuel Vidal
Los vientos de la ultraderecha rigorista vuelven a arreciar en la Iglesia católica. Tras la
desaparición de lo que consideraban un “dique de contención”—el Papa Franciscoestos
sectores tradicionalistas y ultras, crecidos y desinhibidos, han lanzado una ofensiva abierta
para domesticar la religión y ponerla al servicio de su causa. Por eso, proliferan artículos e
informaciones de sus teólogos de cabecera contra el Vaticano II en sus medios afines.
Su primer objetivo: ideologizar la fe e institucionalizar una agenda política bajo apariencia de
ortodoxia católica. El segundo: el intento inédito de desprestigiar y minusvalorar incluso el
Concilio Vaticano II, ese gran evento eclesial que logró abrir las ventanas de la Iglesia, ponerla
al día y hacerla dialogar con el mundo y la modernidad.
¿A qué juegan y qué buscan los adalides de esta apropiación?
Ante todo, quieren una Iglesia fuerte como máquina de identidad y combate cultural. No les
interesa el Evangelio como camino de misericordia, fraternidad y acogida, sino como bandera
para el enfrentamiento civilizatorio, parapetados en la defensa de una “cristiandad” cerrada y
excluyente. Les incomoda la Iglesia en salida que se abre, que escucha, que dialoga y acoge al
diferente, al inmigrante, al pobre y al vulnerable.
Frente a la paz desarmada y desarmante de León XIV, o la insurgencia profética de
Francisco, proponen la ortodoxia del miedo, el repliegue de la Iglesia sobre misma, la
“pureza” doctrinal instrumentalizada para sus propios fines políticos.
Para estos sectores (a los que Francisco bautizó de ‘rigoristas’), la fe es un instrumento
estratégico, no un encuentro con el Dios vivo. Despojan al catolicismo de su raíz evangélica
para convertirlo en plataforma de identidad y escudo político. Así construyen alianzas
internacionales y campañas financieras, difunden bulos y sueñan con transformar la Iglesia en una
fortaleza ideológica, olvidando la universalidad y la compasión del Concilio y del Evangelio.
Una vuelta atrás, a la Iglesia de antes del Concilio, atada al poder y casada con el sistema. O peor
aún, la conversión de la Iglesia en una secta, que hace pasar la obediencia ciega por ‘voluntad de
Dios’ y anula la libertad y el primado de la conciencia.
Tácticas de la ultraderecha eclesiástica
La ultraderecha eclesiástica emplea tácticas precisas para avanzar en su proyecto:
1. Reescritura de la narrativa eclesial: Presentan el Concilio Vaticano II como una ruptura con
la tradición, acusándolo de diluir la identidad católica. Ignoran que el Concilio no fue una
revolución, sino una renovación en continuidad con la Tradición, y lo caricaturizan como la fuente
de todos los males de la Iglesia moderna.
O
ponen la lla
m
ada
her
m
eutica de la continuidad
(
de
B
enedicto
XVI)
a la
her
m
eutica de la ruptu-
ra
”,
pero reinterpretan el concilio de for
m
a restrictiva, negando o relativizando cualquier desarrollo
teológico
,
pastoral o litúrgico que no encaje en su visión preconciliar
. P
ro
m
ueven la
m
isa tridentina
co
m
o baluarte identitario y rechazan
,
por eje
m
plo
,
la participación laical o el protagonis
m
o de la conciencia.
2.
C
ontrol de espacios de poder
: B
uscan influir en se
m
inarios, universidades católicas y medios de
comunicación eclesiales para formar clérigos y fieles en su visión rigorista. Desde estos espacios,
difunden una teología que exalta la autoridad y minimiza la colegialidad y el papel del laicado.
3. Uso de las redes sociales y medios afines: Aprovechan plataformas digitales y medios
ultraconservadores para amplificar su mensaje, atacar a quienes defienden el espíritu del Concilio
y generar polarización. Su retórica, cargada de emocionalidad, apela al miedo y a la nostalgia.
4. Ataques al Papa y al magisterio reciente: Cuestionaban abiertamente al Papa Francisco y
hacen lo mismo un poco más sutilmente con la autoridad del Papa León XIV, presentándolo como
un continuador "débil" de Francisco, mientras ensalzan figuras históricas que encajan con su
visión, como Pío XII o Juan Pablo II (selectivamente interpretado).
5. Reivindicación de la liturgia tradicional: Promueven la Misa en latín y el rito tridentino como
un símbolo de resistencia frente a la "mundanización" de la Iglesia, utilizando la liturgia como
bandera ideológica.
¿Qué gana la ultraderecha al apropiarse del lenguaje religioso?
La ultraderecha eclesiástica obtiene numerosas ventajas al apropiarse del lenguaje religioso dentro
y fuera de la Iglesia:
1. Legitimidad moral y autoridad social
Al invertir palabras, símbolos y argumentos religiosos tradición, familia, cruzada, pureza,
“cristiandad”, etc.— la ultraderecha se reviste de una autoridad moral difícil de cuestionar dentro
de comunidades profundamente católicas. Presentar sus posiciones como “la verdadera fe” otorga
peso y legitimidad, desautorizando como herejía cualquier postura diferente. Por eso acusan de
herejía a cualquiera que opine de forma diferente y reparten carnets de catolicidad.
2. Movilización e identidad grupal
El lenguaje religioso refuerza un sentido de pertenencia y misión, establece fronteras nítidas
(“nosotros los fieles, ellos los infieles o tibios o herejes”) y moviliza afectos colectivos mediante
la apelación a lo sagrado, la patria y el sacrificio. Así convierten su causa política en “batalla
espiritual” y llaman a la movilización como un deber religioso y no solo ciudadano.
3. Control del relato y silenciamiento de críticos
Al apropiarse del vocabulario católico, la ultraderecha puede etiquetar como “progresista”,
“relativista” o “enemigo de la fe” a quienes se les oponen, deslegitimando cualquier crítica bajo la
sospecha de heterodoxia o traición al Evangelio. Controlan el acceso y la interpretación legítima
del discurso católico, erigiéndose en martillo de herejes y catalogando como tales a voces distintas
o minoritarias. Lo hacen a diario desde Infovaticana e Infocatólica.
4. Influencia política y alianzas estratégicas
El lenguaje religioso, una vez instrumentalizado, se convierte en un puente hacia ámbitos
políticos: permite a la ultraderecha articular su ideología como defensa de valores “no negó-
ciables”, captar votos en entornos conservadores e influir en la agenda pública (leyes sobre inmi-
gración, familia, educación) con el argumento moralista de fondo.
5. Reducción de la complejidad y polarización
Hablar desde la religión en términos absolutos y apocalípticos simplifica el debate y polariza:
divide el mundo entre “buenos” y “malos”, ahorra matices éticos o pastorales y crea una narrativa
de “cristiandad amenazada” que moviliza emocionalmente y cierra el paso a una autocrítica
genuina o a cualquier diálogo verdadero.
En definitiva, la ultraderecha gana poder simbólico, capacidad de movilización, control del relato
y capacidad de influencia política al apropiarse del lenguaje religioso, pero al precio de manipular
el mensaje evangélico y reducir la riqueza de la fe a herramienta de identidad y combate, en
detrimento de su universalidad, misericordia y apertura al diálogo.
Qué puede -y debe- hacer la Iglesia y el Papa León XIV para frenar esta
ofensiva de desnaturalización del catolicismo?
Primero, dejar clarosin ambigüedadesque la fe no se deja instrumentalizar, que la Iglesia no
es ni será apéndice de ningún partido ni laboratorio de ideologías. Urge reafirmar la centralidad
del Vaticano II, su irreversibilidad, y redoblar la apuesta evangélica de apertura, diálogo,
misericordia y defensa de los descartados.
León XIV, con su estilo sobrio y equilibrado, tiene la tarea de custodiar el legado conciliar frente
a las tentaciones restauracionistas, y recordar que lo genuinamente católico no es el retorno a las
trincheras, sino la universalidad, la escucha y la caridad desarmada. Deberá fortalecer los espacios
de diálogo, los procesos sinodales y la corresponsabilidad eclesial para que la primavera conciliar
siga floreciendo, plantando cara al clericalismo y a la tentación de una Iglesia autorreferencial.
Porque si la fe se privatiza para convertirse en ideología y bandera de exclusión, deja de ser Buena
Noticia y renuncia a su misión profética. El Espíritu, como en tiempos de Juan XXIII y de
Francisco, siempre sopla donde quiere, y no se deja domesticar ni por el miedo ni por la nostalgia.
Es hora de defender la libertad, la universalidad y la compasión que hicieron del Vaticano II
la mayor esperanza de la Iglesia contemporánea.
M
ás en concreto
,
frente a este intento rigorista de desnaturalizar la fe
,
la
I
glesia y el
P
apa
L
eón
XIV
tienen ante sí un desafío
m
ayúsculo
:
defender el espíritu del Concilio y mantener viva la primavera
eclesial que Francisco consolidó. Algunas estrategias para frenar este asalto podrían incluir:
1. Fortalecer la sinodalidad: La colegialidad y la participación de los laicos, promovidas por el
Concilio, son antídotos contra el autoritarismo. León XIV debe impulsar procesos sinodales que
den voz a las periferias y refuercen la comunión eclesial.
2. Renovar la formación teológica: Es crucial formar sacerdotes y laicos en una teología fiel al
Concilio, que combine la profundidad doctrinal con la apertura al mundo. Esto implica recuperar
el estudio de los documentos conciliares en seminarios y universidades.
3. Comunicar con audacia: La Iglesia debe contrarrestar la narrativa ultraconservadora con un
mensaje claro y esperanzador, utilizando los medios digitales para llegar a los fieles y desmontar
las falsedades sobre el Concilio.
4. Promover el diálogo: León XIV puede continuar el legado de Francisco dialogando con las
sensibilidades tradicionalistas, pero sin ceder en los principios conciliares. Esto implica escuchar
sus preocupaciones, pero reafirmando la autoridad del magisterio.
5. Defender la centralidad del Evangelio: La fe no puede ser reducida a una ideología. El Papa
debe insistir en que el corazón de la Iglesia es Cristo, no una agenda política, y que la misericordia
y la justicia social son inseparables del mensaje cristiano.
Un desafío de presente y de futuro
L
a ultraderecha eclesiástica
,
con su intento de do
m
esticar la fe
,
nolo a
m
enaza el legado del
C
oncilio
V
aticano
II,
sino la esencia
m
is
m
a del
E
vangelio
. S
u proyecto
,
lejos de fortalecer a la Iglesia
,
la encorseta
en una visión excluyente que aleja a los fieles y contradice la universalidad del mensaje cristiano.
El Papa León XIV, como pastor de una Iglesia en camino, tiene la tarea de mantener viva la
llama de la primavera conciliar, recordando que la fe no es un bastión para defender
privilegios, sino un don para compartir con el mundo.
L
a
I
glesia
,
fiel a su
m
isión
,
debe seguir siendo faro de esperanza
,
no fortaleza de exclusión
. P
orque,
como decía Juan XXIII, “no somos guardianes de un museo, sino jardineros de un vergel”.
El Movimiento de los Indignados, nacido en la emblemática Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de
2011 y muy pronto extendido por todo el mundo, fue un fenómeno que cambió las preguntas a los diferentes
poderes políticos, económicos, incapaces de proponer alternativas para resolver la crisis provocada por el
mundo de las finanzas tres años antes, que, como todas las crisis, la pagaron los sectores más vulnera-
bilizados. También cambió las preguntas a las religiones y a no pocos teólogos cristianos acostumbrados a
ofrecer respuestas del pasado a problemas del presente.
A
las nuevas preguntas planteadas por aquel
m
ovi
m
iento hace catorce os pretende responder un
cristianis
m
o radical que refor
m
ula la figura de
J
esús de
N
azaretndole un nuevo título que creo
responde
m
ejor a la vida
, m
ensaje y práctica de
J
esús el
G
alileo que otros tulos que se le han aplicado hasta negar
su hu
m
anidad
: I
ndignado.
La indignación y la resistencia de Jesús fueron las prácticas revolucionarias durante su actividad
pública, tanto en el terreno religioso como en el político, ambos inseparables en una teocracia, el criterio
ético que guió su vida y la clave hermenéutica que explica su trágico final. Vamos a verlo a continuación
en seis escenarios de su vida y de su actividad pública, que constituyen el referente para el cristianismo
actual en las nuevas coordenadas históricas.
Indignado con la religión oficial
L
os evangelios oponen dos interpretaciones de la relign
. U
na es la legalista
,
que se traduce en estricto cu
m
pli-
m
iento de la letra de la ley sin atender al espíritu y desemboca en ortodoxia. Otra es la humanista, que
busca la liberación de las esclavitudes a las que los poderes someten a los seres humanos. Lo que está en
juego en ambas interpretaciones es el lugar y la función de la religión en la sociedad y la actitud ante la ley.
La actitud de Jesús fue de indignación con la religión oficial y sus intérpretes, que anteponían el
cumplimiento de la ley al derecho a la vida e incitaban a la venganza en vez de llamar al perdón. Cuando
estaba en juego la vida, la libertad y la salud de las personas, infringió las leyes judías del ayuno y del
sábado y justificó que sus discípulos las incumplieran.
Comió con pecadores y publicanos y ante el escándalo de los bien-pensantes de aquella sociedad por tan
heterodoxo comportamiento, les explicó su gesto. La comida con gente descreída y excluida era el ejemplo
visible de la presencia de Dios entre los marginados, la prueba de que la salvación no llegaba a quienes se
creían justos, sino a los que transgredían la ley. Mayor escándalo e indignación todavía provocó al afirmar
que las prostitutas precederían a los escribas y fariseos en el Reino de los cielos. Colocó en el centro del
nuevo movimiento igualitario la práctica de las Bienaventuranzas, carta magna de la nueva sociedad.
Osó corregir la ley mosaica, eliminando su lado violento y vengativo (Mt 5,38) y poniendo en el centro la
práctica del bien y del amor a todas las personas. Se opuso a la venganza y abogó por el perdón y la
reconciliación. Rechazó el odio a los enemigos y llamó al amor.
Uno de los pilares en que se sustentaba la religión de Israel era elcódigo de pureza, que Jesús transgrede y
considera una trampa para no cumplir con los más elementales deberes humanos como la atención y
el sustento a los padres (Mc 7,10-12). En el planteamiento moral de Jesús hay un desplazamiento del
concepto y de la práctica de la santidad: de la pureza legal a la ética de la projimidad, ejemplificada en el
Buen Samaritano y en su moraleja: “vete y haz tú lo mismo”.
Indignado con las autoridades religiosas
Las autoridades religiosas vivían una escisión entre la realidad y la apariencia. Su actitud no podía
ser más hipócrita: decían y no hacían, absolutizaban la Torá e imponían al pueblo cargas legales que ellos
mismos no cumplían. Daban constantemente muestras de ostentación y buscaban el reconocimiento de la
gente a través de gestos altivos. Les encantaba pasearse con amplios ropajes y ser reverenciados en las
plazas. Les gustaba ocupar los primeros puestos en los banquetes y en la sinagoga.
Jesús les acusa de una profunda ruptura entre interior y exterior, labios y corazón, culto y justicia.
Lo pone de manifiesto Jesús citando al profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su
corazón está lejos de mí. El culto que dan es inútil, porque la doctrina que enseñan son preceptos
humanos” (Is 29,13). Amén de la referida ruptura, se subraya la sustitución de la palabra de Dios, que
humaniza, por las tradiciones humanas, que oprimen la conciencia. Un ejemplo de tal suplantación es
ofrecer al templo como donativo lo que debería darse al padre y a la madre para su sustento.
La actitud hipócrita de las autoridades religiosas es una clara discrepancia entre lo establecido por la ley y
su actuación. Las acusa de corrupción: “devoran las casas de las viudas” (Mt 12,40). Tal comportamiento
resultaba inmoral. Pero hay más: se establece una estrecha relación entre el expolio a las viudas y el
cumplimiento de la práctica religiosa. Los largos rezos sirven de “pretexto” para extorsionar económica-
mente a las viudas.
Les echa en cara su dureza de corazón, provocada por el legalismo, que torna a las personas insensibles
al sufrimiento ajeno, impide el amor a las personas necesitadas y dificulta la solidaridad. La autosuficiencia
es otra de las críticas que Jesús dirige a los guías religiosos de Israel. La parábola del fariseo y del
publicano retrata perfectamente su autosuficiencia, que desemboca en elitismo (Lc 18,9-14).
P
ero quizá la
m
ayor crítica que
J
esús les dirige es la
falta de autoridad doctrinal y
m
oral
de la que presu
m
ían
y la falsedad de su magisterio. Más aún, las desacredita y desautoriza. No le merecen el menor respeto.
Indignado con el poder económico
L
a acu
m
ulacn de bienes fue uno de los
m
otivos
m
ás i
m
portantes de la indignación de
J
es
,
convencido co
m
o
estaba de la
inco
m
patibilidad entre servir a
D
ios y al dinero
, de que toda riqueza es injusta y se convierte
en un medio de dominación y de opresión de las minorías opulentas contra las mayorías populares. El
apego a la riqueza es tan fuerte que las personas ricas no atienden a razones ni divinas ni humanas.
Jesús cuestiona las raíces
m
ateriales y religiosas
generalmente unidas
-
de la exclusión
y luc por erradicarlas
.
S
e pone del lado de los grupos
m
arginados
social
,
potica y religiosa
m
ente
:
publicanos
,
pecadores
,
prostitutas
,
personas enfermas, paganas, samaritanas y gente considerada “de mal vivir”. Era en su compañía como se
encontraba más a gusto. Era compartiendo mesa con dichas personas como se sentía feliz.
Indignado con el poder político
La indignación de Jesús subió de tono en el enfrentamiento con los poderosos, a quienes acusó de
opresores, y con la tiranía que imponía Roma a su pueblo. Precisamente la condena a muerte de Jesús, y
muerte de cruz, dictada y ejecutada por la autoridad romana, fue la consecuencia lógica de la indignación
con el poder político, a quien negaba legitimidad, y contra el Imperio, a quien consideraba invasor. El reino
de Dios que él anunciaba constituía el mayor alegato contra el Imperio, como ya expuse en el capítulo
dedicado al cristianismo contrahegemónico.
Jesús mantuvo permanentes choques, directos o indirectos, con las autoridades políticas. Conflictiva
fue su relación con Herodes Antipas, quien asociaba a Jesús con Juan Bautista. Herodes temía que el
pueblo, amotinado por el Bautista, se levantara contra él. Por eso mandó ejecutarlo. El mismo temor sentía
hacia Jesús, a quien le llega un recado de que abandone el territorio de Tiberíades porque Herodes quería
matarlo. Pero Jesús no se pliega ante la amenaza herodiana. Más bien hace frente a Herodes llamándole
“don nadie” (Lc 13,32) y sigue su camino.
En un sistema teocrático, religión y política son inseparables. En el modelo imperial de dominación romana
se daban conexiones estrechas entre las instituciones religiosas y las políticas. Uno de los momentos de
mayor tensión en el enfrentamiento con los autoridades religiosas y políticas fue el de la actividad de Jesús
en torno al templo de Jerusalén, y más en concreto, la escena de la -mal llamada- “purificación del
templo” (Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19.45-48).
Indignado con el patriarcado
Jesús mostró su indignación con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo
histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, con más empeño incluso que las
indignaciones antes descritas, ya que las iglesias cristianas han elaborado una cristología androcéntrica y
se han configurado patriarcalmente. Tampoco la exégesis descubrió esa indignación ya que ha operado,
hasta muy recientemente, con métodos histórico-críticos consciente o inconscientemente misóginos.
Jesús denunció las múltiples marginaciones a las que eran sometidas las mujeres por la religión y la
política, se opuso a las leyes que las discriminaban (lapidación por adulterio, libelo de repudio) y las
incorporó a su movimiento en igualdad de condiciones que a los varones y con el mismo protagonismo,
como expuse en el capítulo dedicado al cristianismo comunitario fraterno-sororal. El movimiento de Jesús
comenzó precisamente en Galilea en el seno de un grupo de mujeres emancipadas del patriarcado, que lo
acompañaron hasta el momento trágico de su crucifixión y fueron las primeras testigos de la experiencia de
la Resurrección, que dio origen a la Iglesia cristiana. Fue en el movimiento de Jesús donde ellas
recuperaron la dignidad que les negaba la religión oficial, la ciudadanía que les negaba el Imperio y la
libertad que les negaban sus conciudadanos varones.
Indignado con Dios
F
ue sin duda
la indignación
m
ás dolorosa
,
la que
m
ás desgarro interior le provo y la que puso a prueba su fe
y su esperanza. Jesús se había dirigido a Dios con plena confianza y familiaridad llamándole cariñosamente
Abba. Le experimentaba como una persona de quien podía fiarse plenamente. Dios era el centro de su vida,
el horizonte de su proyecto liberador, el sentido de su existencia. Pero no el Dios lejano, sino el Dios de la
esperanza, compasivo, abogado de la gente empobrecida. Nada había que lo separara de él.
Sin embargo, llegado el momento de la prueba y de la persecución en Getsemaní, Jesús siente pavor,
angustia, una profunda tristeza, y vuelve a dirigirse a Dios con la misma confianza con que lo había
hecho antes, para comunicarle el terrible trance por el que estaba pasando y la crisis de sentido que le
rondaba. Es en ese momento en el que el conflicto con Dios se muestra en toda su radicalidad. Le pide
cuentas a Dios por no estar de su lado cuando le llega el agua al cuello.
Estando en la cruz, le expresa su más profunda decepción y lanza un grito de protesta y de angustia: “Dios
mío, Dios o, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). Le pide cuentas por haberle abandonado. La
crisis de fe y de esperanza había tocado fondo. En ese momento, al decir de Jürgen Moltmann, “sintió
desesperación”.
Esa es la gran paradoja del Dios cristiano: cuando se le siente cerca, parece alejarse; cuando se recurre
a él, da la impresión de que no escucha; cuando se le busca, parece que nunca se le encuentra. Y
viceversa: habla en el silencio, acompaña en el camino sin ser visto. Es solidario en la distancia. Jesús
también experimentó esa paradoja en su relación con Dios.
E
stas
m
anifestaciones de la indignación de
J
esús de
N
azaret
a lo largo de su actividad pública con
D
ios, los
poderes económicos, políticos, religiosos, patriarcales, y con quienes los detentaban
constituyen un desafío
para los cristianos y cristianas de hoy
, pero
ta
m
bién para las ciudadanas y los ciudadanos indignados con causa
.
Y
no para sacralizar la lucha de los Indignados, sino para sumar fuerzas y razones a favor de la indignación
contra las injusticias de nuestro mundo, generadas por la religión del mercado, que ha sometido a su tiranía
a la religión, la política, la economía, la ética, y hasta la conciencia de no pocos ciudadanos y ciudadanas.
La convergencia de voces, manos, voluntades, utopías, proyectos emancipatorios y sueños “despiertos”
puede liberar del fatalismo histórico, que atenaza hoy a la humanidad, y deja abierta la puerta a la esperanza
de “otro
m
undo posible
”. P
orque no todo está perdido
. ¡Hay alternativas! Y la indignación de Jesús y de sus
seguidores y seguidoras puede contribuir a su búsqueda.
Conferencia pronunciada en el Foro Espiritualidad, Democracia y Ciudadanía. Guatemala- 21 de agosto de 2025
Los incendios forestales se han convertido en una trágica y constante pesadilla
de los veranos europeos. La situación en 2025 ha alcanzado niveles alarmantes,
con cerca de una veintena de focos activos y más de 60.000 hectáreas calcinadas
sólo en España. El patrón se repite cada año: fuego, evacuaciones, miedo,
destrucción. Vidas humanas truncadas, patrimonio natural irremplazable
reducido a cenizas y comunidades enteras forzadas a ver cómo su entorno
desaparece sin remedio.
Aunque hay causas naturales, como el calentamiento global, en la gestacn de esta
catástrofe, ésta también es el resultado directo de una política deliberada, de un
modelo económico y social que desmantela lo público en nombre de una
supuesta eficiencia privada. El neoliberalismo, una doctrina defendida con fervor
por los partidos de derecha, ha convertido la gestión del territorio, como tantos
otros ámbitos, en una víctima más de la austeridad presupuestaria y del dogma
del Estado mínimo. La presión política por rebajar impuestos, con las nefastas
consecuencias que ello comporta, procede de una oposición de derechas en la
que aumenta la pujanza de la extrema derecha, una fuerza que amplifica y
radicaliza las exigencias de un modelo económico que privilegia a una minoría
adinerada a costa del bienestar colectivo.
A esta presión interna se suma una nueva y peligrosa dimensión externa. Desde
Estados Unidos, la Administración de Donald Trump insiste en que los países
europeos, entre ellos España, aumenten considerablemente el gasto militar. Esta
exigencia no sólo desvía recursos cruciales que podrían ser destinados a
servicios esenciales y a la lucha contra el cambio climático, sino que también
refuerza la agenda de la derecha neoliberal y de la extre
m
a derecha
. E
l au
m
ento del
gasto en defensa es otro factor importante que postula aún más recortes en
sanidad, educación y, por supuesto, en la prevención y extinción de incendios.
Mientras, la realidad es tozuda. El cambio climático intensifica las olas de calor
y seca la vegetación, creando un terreno fértil para el fuego. Y décadas de
abandono del mundo rural han eliminado los cortafuegos naturales que antes
ofrecían los cultivos, los pastos y la actividad humana sostenida. El éxodo de la
población hacia las ciudades ha transformado campos abiertos en bosques
densos y descontrolados, auténticos barriles de pólvora vegetales. Y no por
casualidad, las zonas más devastadas por los incendios coinciden con las
regiones más despobladas, como el noroeste peninsular.
Frente a esta situación, la respuesta debería ser clara: más medios, más
inversión, más presencia pública. Pero los partidos que abrazan el neoliberalismo
no están interesados en reforzar lo público. Al contrario, su obsesión por reducir
impuestos a los más ricos y sus discursos manidos sobre la "libertad individual"
tienden a debilitar sistemáticamente la capacidad del Estado para prevenir,
gestionar y responder a catástrofes como esta. Esta política no es sólo
irresponsable: es criminal. Cada recorte presupuestario a los servicios públicos
tiene consecuencias concretas y devastadoras. La falta de personal y
equipamiento en los equipos de extinción, la ausencia de planes integrales de
prevención, la escasa formación de brigadas forestales, todo esto es el resultado
de decisiones políticas conscientes. No es una cuestión técnica, sino ideológica.
Los defensores del neoliberalismo presentan el desmantelamiento del Estado
como una modernización necesaria. Nos dicen que rebajar impuestos a los
millonarios generará inversión y prosperidad. Pero la realidad es que esa riqueza
prometida nunca llega a la mayoría. Lo que llega son hospitales colapsados,
con largas listas de espera para intervenciones necesarias, escuelas infra-
financiadas, alquileres imposibles de pagar, y bosques ardiendo sin control
mientras los servicios de emergencia hacen lo que pueden con medios precarios.
Los incendios forestales son, en este contexto, sólo una cara más de una tragedia
mayor: la del empobrecimiento deliberado de lo público en favor de intereses
privados, una tragedia que la extrema derecha busca acelerar. La misma lógica
que recorta en medios contra incendios es la que privatiza hospitales, convierte
la educación en un negocio y trata la vivienda como un activo financiero en vez
de como un derecho básico. El coste de un Estado ausente no es una abstracción
ideológica. Es humo que asfixia, es tierra quemada, son familias que lo pierden
todo. Es el precio de una política que privilegia a una minoría adinerada a costa
del bienestar colectivo, con el empuje de la derecha y la extrema derecha.
Lo que necesitamos es justo lo contrario: un Estado fuerte, bien financiado y
presente en todo el territorio. Un Estado capaz de planificar, intervenir, cuidar y
proteger. Un Estado que no se someta a los dictados del mercado, sino que
garantice la dignidad de sus ciudadanos y la sostenibilidad de sus territorios.
Porque, sin lo público, todo arde.