A pesar de todos los avances en tecnología y comunicación, el mundo de hoy parece
estar más fracturado que nunca. Si miramos el mapa, vemos puntos de tensión en
cada continente. La amenaza de un enfrentamiento militar acecha en Europa oriental,
y conflictos ar
m
ados desgarran la vida de
m
illones de personas en lugares co
m
o
U
crania
, G
aza, Sudán, Myanmar y el Sahel. Crisis humanitarias se superponen unas a
otras, los conflictos ar
m
ados se extienden sin control y las rivalidades entre potencias
amenazan con desestabilizar el ya frágil equilibrio global.
F
rente a este panora
m
a desolador
,
la sensación de i
m
potencia puede ser abru
m
adora
. E
s
fácil sentir que el ruido de las ar
m
as y la diplo
m
acia fracasada son de
m
asiado fuertes para
cualquier voz individual. Sin embargo, en medio de esta cacofonía, resuena una voz
antigua y eterna que nos ofrece una guía, una invitación a la acción: Bienaventurados
los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
E
ste
m
ensaje
,
central en las ensanzas de
J
es de
N
azaret
,
no nos habla de una paz pasiva
o de una simple ausencia de guerra. Nos habla de una paz activa y constructiva, de
una bendición que se otorga a aquellos que se dedican a la labor de construirla. En un
mundo donde la confrontación y la división son la norma, este trabajo se vuelve más
urgente que nunca. No se trata de una utopía inalcanzable, sino de una vocación diaria
que se puede aplicar desde el individuo hasta las instituciones internacionales.
Trabajar por la paz implica mucho más que simplemente desearla. Requiere rechazar
la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y abrir los ojos a la realidad de quienes huyen
de Sudán o de quienes se deshumanizan luchando en los mencionados escenarios
bélicos. Nos exige cuestionar las narrativas de odio que justifican la violencia y, en su
lugar, buscar puentes de entendimiento entre culturas, religiones y naciones.
Es un compromiso con la justicia, porque la verdadera paz no puede florecer donde
hay desigualdad, opresión y desesperanza. Desde esta perspectiva, las tensiones
geopolíticas entre superpotencias como Estados Unidos y China, o las crisis en Haití
o la República Democrática del Congo, no son problemas lejanos. Son desafíos que
nos llaman a la acción. Cada paso hacia la cooperación, cada ayuda humanitaria
enviada, cada voz que se alza contra la injusticia, es un acto de construcción de paz.
Es un eco de la bienaventuranza.
El camino hacia la paz duradera no se encuentra en las negociaciones de poder ni en
la supremacía militar, sino en el reconocimiento de la dignidad humana universal. En
este esfuerzo, el espíritu de la bendición de Jesús nos invita a ser faros de esperanza
en la oscuridad. A ser no sólo testigos de la historia, sino constructores de un mundo
mejor, porque en esa labor reside la verdadera bendición.
¿Qué acciones, por pequeñas que sean, podremos tomar para contribuir a la paz en
nuestra propia comunidad o entorno?
B
oletín nú
m
. 80
- 2 de octubre de 2025
Nos ha cogido por sorpresa el fallecimiento de Enedina. La sabíamos
delicada de salud y su cabeza ya no era la siempre. Pero vino a las
celebraciones de la comunidad mientras le fue posible.
La veíamos paseando en su silla de ruedas, siempre tan arreglada y
curiosa, que creímos que aún iba a seguir con nosotros un tiempo. Pero
llegó el final de este lado de la vida y ella ya está en la otra orilla.
Enedina
-
o Nedi como la llamaban en casa
-
era la mediana de tres
hermanas. Marujina, la mayor, se fue ya hace unos años. Con Tere,
Enedina formaba un dúo al que llamamos siempre "las hermanas". Y es
que que eran un todo.
Esta familia, junto a su madre que murcentenaria y rodeada de cuida-
dos y amor, fue un ejemplo de familia cristiana en el más puro sentido del
término.
Enedina estuvo siempre del lado de los biles.
E
n su trabajo en
C
abueñes for
m
ó parte del grupo que luchó por
m
ejorar las
condiciones laborales de sus co
m
pañeros
. D
e
m
anera generosa y valiente
participó junto a
E
lvira
F
ueyo
, J
aviera
,
las hermanas Moro y otras personas
en todas las acciones que lograron mejorar la vida laboral del hospital.
Enedina estuvo en la Comunidad de Cristianos de Base del Bibio desde su
formación. En los ecos que daba en cada celebración siempre estaban
presentes
"
los probes
"
-
co
m
o decía ella
-
,
los desfavorecidos
,
las personas
que más necesitaban de nuestra ayuda y nuestro compromiso. Y lo hacía
cada vez que nos reuníamos. Enedina sabía y vivía que sin justicia no
puede haber paz.
F
ue coherente
,
solidaria
,
cariñosa
,
generosa y
m
uy acogedora
. S
u casa tuvo
sie
m
pre las puertas abiertas
. A
llí nos sena
m
os felices durante las celebra-
ciones veraniegas que acababan sie
m
pre con una comida de hermandad y
unos cantarines que Enedina entonaba con su precisa voz.
Hablamos de una mujer extraordinaria, de un modelo de coherencia y
autenticidad que nos ayudó a crecer en la fe con sus
-
aparentemente
-
sencillos comentarios que eran verdaderas cargas de profundidad que te
removían por dentro.
Damos gracias, Nedi, por tu vida porque Dios nos ha regalado el compartir
contigo una parte del camino. Gracias por tu ayuda y tu testimonio. Vivirás
para siempre en nuestro recuerdo.
Enedina Díaz, una figura representativa de la Comunidad de Cristianos de
Base de Gijón, falleció el 20 de septiembre. Su vida fue un ejemplo del
compromiso de la comunidad con la Teología de la Liberación, que se
basa en seguir a Jesús de Nazaret a través del cuidado y la defensa de las
personas más vulnerables y desamparadas. El siguiente texto, leído en su
funeral, refleja fielmente el sentir del grupo.
Faustino Vilabrille
Jesús fue condenado a muerte de cruz por motivos religiosos y políticos.
Religiosos: Las autoridades judías, lideradas por el Sanedrín (Consejo
supremo y tribunal de justicia del pueblo judío, con autoridad religiosa,
judicial y administrativa), entendieron que era una gran blasfemia que Jesús se
proclamase Hijo de Dios, y lo veían como una amenaza a su autoridad y
privilegios porque el pueblo se alejaba de ellos y seguía a Jesús, que los
acusaba de oprimir y aprovecharse de la gente para mantener sus privilegios,
imponiendo grandes cargas a los demás y sin mover un dedo para ayudarles a
llevarlas.
Políticos: A la vez ellos lo acusaron falsamente ante el Gobernador romano de
soliviantar al pueblo y decir que El era Rey de los Judíos, lo que implicaba
una amenaza directa contra el Estado Romano.
Cuenta el Evangelio que Juan Bautista, al ver a Jesus que se acercaba
exclamo: este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
La idea del pecado, asociada al mismo tiempo a la del infierno como castigo
del mismo por ser una terrible ofensa a Dios, fue uno de los s grandes
martillos, usado durante siglos por la Iglesia oficial para mantener a sus fieles
sumisos, dominados, manipulados, obedientes y dóciles. Nada s lejos de
Jesucristo y su mensaje, porque:
-El pecado es simplemente el mal que hacemos, a nosotros mismos, a los
demas o a la creación, o el bien que dejamos de hacernos a nosotros mismos, a
los demás o a la creación.
-El pecado no ofende a Dios absolutamente en nada.
-Dios no necesita ningún sacrificio reparador de nadie.
-La muerte de Jesús no fue una ofrenda a Dios por los pecados del mundo.
-La muerte de Jesús no fue cargar con nuestros pecados como víctima
propiciatoria de un ser humano ofrecida a Dios para reparar las graves
ofensas de los hombres a Dios.
-La muerte de Jesús en la cruz no fue una víctima exigida por Dios para
sentirse reparado de las ofensas de los hombres. Esto sería ser un dios, cruel,
tirano, justiciero, vengativo, sádico..., que exige ser expiado. Dios no creó ni
invento ninguna cruz. Las cruces las inventamos los hombres, unos contra
otros, casi siempre los grandes contra los pequeños, a veces muy pesadas y
terribles como las guerras.
-Dios no es un vengador sin piedad. El infierno no es una venganza de
Dios, ni un castigo reparador, pues Dios no necesita ser reparado de nada, ni
por nadie.
-Dios no necesita de nuestro amor para mismo: sí, lo necesita TODO para
que nos amemos unos a otros y para que amemos la Creación, porque por
medio de ella Dios nos sostiene en la vida: cuidarla es también amarnos.
Jesus dice: quien me ve a mi ve al Padre. Por tanto, Jesús es la verdadera
imagen de Dios. Dios es lo que vemos en Jesus.
¿Que vemos en Jesús? Preocupación por los enfermos, por lo hambrientos,
por los marginados, por los biles, por los despreciados, por los indefensos,
por los emigrantes, encarcelados...
¿Que vemos en Jesús? Bondad, ternura, compresión y compasión, pern,
fraternidad, amistad, sensibilidad, delicadeza y acogida.
¿Que vemos en Jesus? Hambre y sed de justicia, de amor y vida, de paz, de
igualdad, de solidaridad, de verdad.
¿Que vemos en Jesus? Honradez, lealtad, misericordia.
Todo eso es lo que vemos en Jesus. Por tanto, todo eso es Dios. Todo eso es lo
que debemos ser nosotros. Jesus mismo dice: yo he venido para que todos
tengan vida y vida en abundancia. Nuestra misión en este mundo es luchar
con El y como El para que haya vida en abundancia para Todos los Seres
Humanos y para Toda la Creación.
Por tanto, guitar el pecado del mundo es guitar las injusticias, el hambre, las
guerras, la violencia, el odio, los malos tratos, los abusos, los engaños, las
mentiras, las desigualdades, todo aquello que hace sufrir al Ser Humano o a la
Creacn. Todo eso es el pecado que vino a guitar Jesús del mundo, que ahora
es tarea nuestra. Creer en Jesus es seguirlo a El para hacer en este mundo
lo mismo que El hizo: eso es la fe. Seguir a Jesús es destruir toda clase de
sufrimientos injustos y evitables que hay en el mundo, es bajar de la cruz a los
muchos millones de seres humanos que hay en el mundo clavados a las cruces
del hambre, de las enfermedades evitables, de la ignorancia, de las horribles
guerras (como en Gaza, en Ucrania, en Sudan y tantos sitios s), sometidos a
un trabajo indigno o mal remunerado, a la violencia de género, al machismo
que no pocas veces llega a ser mortal, a la emigración forzosa que tantas veces
termina en muerte en los cementerios del Mediterráneo, de los desiertos del
Sáhara o Arizona por temperaturas extremas y hambre.
¿Fiesta hoy de la exaltación de la santa Cruz? Millones de seres humanos y
millones de criaturas murieron a lo largo de la historia y siguen muriendo hoy,
víctimas de una muerte injusta y prematura: si murieron y mueren para quedar
muertos ya nadie les puede reparar un daño tan grande, ya sólo la resurrección
lo puede hacer. La resurrección reparadora de todo mal nos viene por la
Resurrección de Jesucristo, no por su muerte. Por tanto, es la Resurrección lo
que realmente nos salva.
Jesús fue digno de que Dios le devolviera la vida con la Resurrección por su
compromiso total con el ser humano, poniéndose de parte de los oprimidos y
denunciando a los opresores, para que estos dejasen de oprimir y los
oprimidos de sufrir la opresión y así vivir todos a dignamente. Pero ese
compromiso llevo a Jesús a ser perseguido sádicamente por los opresores
hasta tener que asumir la peor muerte de todas, por lo cual Dios lo exalto y le
dio un nombre sobre todo nombre (Ver Carta de san Pablo a los Filipenses
2,5-11), que a su vez vincula nuestra Resurrección a la Resurrección de Jes
(1a Corintios 12,15), y a su vez es el propio Jesus el que así lo hace (ver
Evangelio de Juan 6,39-40). Por eso, s que hablar de la Exaltación de la
Cruz debemos hablar, con inmensa gratitud de la exaltación de Jesus
Resucitado para la plenitud de la Vida para Él, para todos los seres
humanos y para toda la creación que también ansia participar de esa Gran
Plenitud de Vida (Ver Carta a los Romanos 8,18-23). León XIV nos recuerda
que cuidar de la Creación es también cuestión de fe y humanidad.
Pero estamos tan imbuidos del más absoluto neoliberalismo que hay muchos
que yen como normal la opresión y a los opresores, así como la riqueza de los
ricos y la miseria de los empobrecidos.
Jesus lo sintetizo todo en un Único mandamiento promulgado por primera vez
en la historia de la humanidad, que El formulo así: un mandamiento nuevo
os doy, que os améis unos a otros, y lo repite: este es mi mandamiento,
que os ameis unos a otros, como yo os he amado. Donde hay amor, no
hacen falta leyes. Donde no hay amor, no hay leyes que valgan.
Un abrazo muy cordial a tod@s y muy especial para l@os crucificad@s de
nuestro tiempo así como a quienes luchan por bajarl@s de tantas cruces.
A
lo largo de veinte años
,
creo
,
no pasó una sola se
m
ana en la que no recibié-
ra
m
os la visita de alguna persona que regresaba
, m
ejor dicho, que era devuelta,
deportada
,
expulsada
,
sie
m
pre fracasada
,
en su intento de llegar a
E
stados
U
nidos.
Mujeres, hombres, solos, parejas con niños, chicos, chicas con un bebe a la
espalda... Se habían ido de El Salvador, de Bolivia, de Nicaragua, de
Guatemala, de Honduras, de Venezuela. Huían de la pobreza, del miedo a las
bandas, de la falta de trabajo, de esa miseria que nunca sospechábamos que
existiese, de la falta de futuro y de presente...
Bastaba mirarles a los ojos para descubrir en ellos la sombra del fracaso, de la
humillación, del maltrato, del desprecio. Se habían atrevido a desprenderse de
sus padres, de su esposa, de sus hijos, de su tierra para soñar con una vida
nueva:
“Tú no sabes lo que es tener cinco niños en unachampa”, cuatro tablas
y cuatro láminas y no tener trabajo y saber con seguridad que no lo vas a tener
porque no lo hay. Y no tener nada para llevarles hoy, ni mañana ni...
No queda otra salida que irse. Irse a otro país donde se pueda encontrar un
trabajo, el que sea y mal pagado. Pero, para eso, además de valor, hay que
tener dinero: hay que disponer de doce o catorce mil dólares y confiar en un
“coyote” que esté dispuesto a llevarte en su vehículo saltándose las fronteras y
todo lo que no son fronteras.
L
a figura del
coyote
es clave en esta historia
. S
e trata de un ho
m
bre
,
general
m
ente
analfabeto y sin escrúpulos
,
traficante de personas
. S
i no lo es ahora
,
lo ha sido de
drogas y de ar
m
as
. Q
ue se hace insultante
m
ente rico pro
m
etiendo a quienes buscan
llegar a
“L
os
E
stados
,
guiarles hasta el país de sus sueños
. C
laro
,
a ca
m
bio de esas
fortunas
de las que nadie dispone
. Ú
nica
m
ente si algún vecino o fa
m
iliar les presta
bajo todas las condiciones
,
o si se co
m
pro
m
ete con el
coyote
a pagarle poco a
poco cuando consiga su trabajo
;
pero entre tanto
,
co
m
o garantía
,
le entregará la
escritura de esa finquita que probable
m
ente habrá heredado de sus padres o de sus
abuelos ancianos
:
un terreno de una cuerda
-
cuatrocientos
m
etros cuadrados
-
sobre el
que ha levantado la casa en que vive su esposa
,
sus niños y
,
a lo
m
ejor
,
sus suegros
.
(U
n detalle enriquecedor
:
hay bastantes coyotes que no sólo se han enriquecido
,
sino que han llegado a ocupar puestos políticos: diputados, alcaldes, que han
podido comprar los mejores terrenos de los pueblos, encareciendo los precios
para el resto de la gente, y construyendo enormes mansiones de mal gusto en las
que lucen verdaderas colecciones de vehículos de últimos modelos. Nuestro
alcalde es narcotraficante, públicamente confeso y orgulloso de serlo. Por dos
veces ha sido reclamado por la D.E.A, Oficina Antinarcóticos de USA).
R
esuelto este trá
m
ite
,
sólo queda unirse al grupo con el que e
m
prende el viaje.
E
l
“coyote
se ocupa de pagar a la
m
ordida a una polia
,
a otra polia
,
al cártel de
los
“Z
etas
,
que aparecen con seguridad en algún
m
o
m
ento
,
atravesar el desierto
,
m
oviéndose durante la noche para evitar ser detectados desde los helicópteros
,
y
luego
,
pasar al
R
ío
B
ravo
. S
i el
coyote
no abandona al grupo
,
cosa que sucede
frecuentemente, y la terrible policía la “Migra” no te detiene.
Si te detienen, primero te roban lo poco quo llevas encima, las zapatillas, el
cinturón, los veinte dólares, y luego te amenazan, te maltratan de todas las
formas posibles...
Y así, una semana tras otra durante veinte años en este municipio de paso
hacia la frontera con México. Decía Juan José Millás en una entrevista
reciente que no le daba miedo envejecer: “te acostumbras porque vas poco a
poco”. Yo no me acostumbré. Por supuesto, no lo intenté. Y siempre me
quedaba roto, hundido. lo asistir en el momento, escuchar y sentirme una
vez s impotente y tratar de armarme y armar a otros de ánimo para
continuar en la pelea por otro mundo siempre tan lejano.
Y
ahora hay que continuar el ca
m
ino de regreso
,
pidiendo li
m
osna, hambriento,
casi sie
m
pre
m
al visto y bajo sospecha de ser un
m
aleante
,
hasta llegar a casa
...
una
casa que ya no nos pertenece porque la entregué co
m
o garantía al
coyote
. Y
presen
-
tarse ante la fa
m
ilia con las
m
anos vacías
,
avergonzado
. P
or eso
m
uchas personas
se van sin decirlo a nadie, para que no se enteren si fracasó en el intento. El
compromiso con el “coyote” incluye la posibilidad de un nuevo intento.
Esta es una cara de lo que llamamos tercer mundo”. Y llegas aquí, al mundo
rico y te encuentras con Sudán, Congo, Yemen, Afganistán, Palestina,
Myanmar, Ruanda, Bangladesh... Quiero pensar, -estoy seguro de ello- que
muchas personas se sienten tan decepcionadas, tan desconcertadas y
desilusionadas como yo, o yo como ellas. Si sabemos qué pensar, pero no q
podemos hacer. Qué pensar de esta vieja Europa callada, servil y pasiva.
Cansada del bienestar, sorda, ingrata y olvidadiza. Nos sentimos mal en este
mundo, incómodos y hasta cómplices.
Y, en esta situación de ánimo, y en el contexto de estos días, leo el mensaje
del arzobispo de Oviedo. Y no lo entiendo, o no quiero entenderlo. Porque no
se trata del “ciudadono Sanz”, se trata del arzobispo de Oviedo. ¿Qes lo
que le pondría “estupendo” al arzobispo?
El artículo de Merche Saiz en Religión Digital toca un punto neurálgico en el presente de la
Iglesia: la tentación de refugiarse en un pasado ritualizado, desconectado de la vida real de
la comunidad. Su denuncia de la misa tridentina no es un simple comentario litúrgico, sino
una llamada profética a no traicionar la memoria viva de Jesús ni el espíritu renovador del
Concilio Vaticano II. Y yo no puedo más que compartir lo que dice, porque sé bien que la
fe no se sostiene en latines ni en solemnidades lejanas, sino en la cercanía de una mesa
donde todos tienen cabida.
Ya lo recuerda con claridad Xabier Pikaza: las primeras celebraciones cristianas eran una
mesa compartida, un gesto de fraternidad y memoria, no un espectáculo de espaldas al
pueblo. En aquellas comunidades primitivas, el pan partido y el vino compartido eran signo
de igualdad y de encuentro, no de distancias ni jerarquías. Allí estaba el núcleo de la
Eucaristía: la vida entregada que se reparte, no un rito exclusivo para iniciados. Cuando
Jesús dice “haced esto en memoria mía”, no está fundando un ceremonial gido, sino un
acto de fraternidad que se prolonga en la historia.
Pero, como recuerda Juan José Tamayo, la historia de la liturgia es también la historia de su
progresiva clericalización. Lo que comenzó como una mesa abierta y fraterna se convirt
poco a poco en un ritual donde el sacerdote adquirió un protagonismo desmesurado y el
pueblo quedó reducido a mero espectador. El uso del latín, la orientación del sacerdote de
espaldas a la comunidad y la acumulación de gestos y ritos alejaron la Eucaristía de su
origen. El Vaticano II intentó devolver frescura a esta experiencia: volver a las lenguas
vivas, recuperar la participación activa de los fieles, hacer de la liturgia un espacio de
encuentro y no de separación.
Yo mismo, de niño, escuchaba a mi madre salir de misa diciendo: “El cura da la espalda”.
Y yo no entendía nada. Pero esa frase sencilla mostraba una verdad profunda: lo que allí se
celebraba no generaba cercanía, sino distancia. No había comunidad, no había mesa
compartida; quedaba todo en el rito, en un formalismo que no lograba hablar al corazón.
Esa experiencia personal me hace comprender con más fuerza lo que Merche denuncia:
volver a la misa tridentina es volver a esa distancia, a ese vacío, a ese formalismo sin vida.
L
o
m
ás grave es que esta concesión en el corazón del Vaticano no es un gesto de diversidad,
sino un retroceso peligroso
. E
nvía un
m
ensaje equivocado
:
que las voces ultraconservadoras,
aferradas a un pasado idealizado, pueden doblegar la misión universal de la Iglesia. Y aquí
está el gran riesgo: que la Iglesia se convierta en un club de nostálgicos, encerrados en un
museo de ritos, mientras el mundo sufre y clama por una palabra de esperanza.
Merche tiene razón: la misa tridentina no responde a las búsquedas de los jóvenes, ni a los
interrogantes de quienes se acercan a la Iglesia con sed de autenticidad. Al contrario,
refuerza la imagen de una institución anclada en lo viejo, incapaz de hablar al presente. Y
eso es lo que hiere de verdad: no se trata solo de liturgia, se trata de la misión misma del
Evangelio. Jesús no vino a fundar un ritual hermético, sino a anunciar la Buena Noticia a
los pobres, a compartir pan con los excluidos, a abrir caminos de fraternidad.
Por eso el Concilio Vaticano II fue y sigue siendo un don del Espíritu: recordar a la
Iglesia que su misión es ser comunidad viva, no museo de tradiciones. Recuperar la palabra
comprensible, la participación, la mesa compartida, no es un capricho modernista, sino un
retorno a lo esencial. Frente a eso, cada concesión al tridentinismo es un paso hacia la
exclusión, hacia el elitismo y hacia la irrelevancia.
El artículo de Merche Saiz es valioso porque nos pone frente al espejo. Nos pregunta si
queremos una Iglesia encerrada en fórmulas muertas o una Iglesia que viva el Evangelio
con la frescura de los orígenes. Y yo lo tengo claro: menos ritos vacíos y más Evangelio;
menos nostalgia y más compromiso con el presente; menos latín incomprensible y más
lenguaje de cercanía, de comunidad, de pan compartido.
P
orque
,
al fin y al cabo
,
la
E
ucaristía no es un relicario litúrgico
:
es la
m
e
m
oria viva de
J
esús
,
pan partido para todos, mesa abierta donde caben los que buscan, los que dudan, los que
sufren. Eso es lo que necesitamos recuperar, y por eso el grito de Merche no es un lamento
nostálgico, sino una llamada a la fidelidad. No al pasado mitificado, sí al Evangelio vivo.
Publicado en: www.ataquealpoder.es
Evaristo Villar
La historia del cristianismo, como la de tantas instituciones humanas, ha sido siempre una
tensión entre quienes buscan conservar el poder y quienes sueñan con renovar la fe. Entre
retrógrados y reformadores se ha escrito la trama de los siglos. Lo mismo podría decirse de
la política, la educación o la ciencia: siempre hay quienes levantan muros y quienes abren
caminos. En este contexto y dada la actual crisis de las instituciones religiosas y cristianas,
la pregunta salta a la vista:¿Cuál será la forma pública del cristianismo en el futuro?
Redes Cristianas, que va a cumplir 20 años en 2026, quiere celebrar su aniversario lanzando
un concurso con una invitación a toda persona, comunidad o colectivo, interesados, a
responder por escrito a dicho interrogante. (Las bases del concurso pueden consultarse en
su propia web redescristianas.net: I Premio Redes Cristianas: “Atrévete a Soñar”).
Lejos de los centros de poder, este movimiento cristiano se define como Iglesia en la
Periferia, comprometida con los últimos y abierta a un proceso constante de renovación.
Como escribió Miguel de Unamuno: La tradición no se hereda, se conquista”. Y es esa
conquista la que hoy vuelve a ponerse en juego.
Una Iglesia en red: democracia, inclusión y comunidad
Frente a la uniformidad de la iglesia jerárquica, este movimiento se reconoce en la
pluralidad de voces y en la riqueza de lo comunitario.
A diferencia de las estructuras rígidas, Redes Cristianas se configura como una red con más
de 200 grupos: comunidades de base, parroquias, congregaciones, colectivos de
espiritualidad y asociaciones teológicas. Su forma de organizarse es profundamente
democrática, participativa e inclusiva.
No hay una voz única ni un pensamiento impuesto: lo específico aquí es la escucha, la
diversidad y la vida comunitaria. Como reza la experiencia: “En la diversidad está nuestra
riqueza”. La fuerza de la fe no reside en los templos de piedra, sino en las comunidades
vivas que se atreven a ser, cada cual en su contexto, fermento en la masa.
En contraste con los modelos autoritarios, Redes Cristianas muestra que otra forma de
Iglesia es posible: una Iglesia en red, que avanza a partir de la confianza mutua. Como
decía Ortega y Gasset: “El pasado no nos dirige, nos empuja”. La historia no es un peso
muerto, sino un impulso para nuevas formas de ser Iglesia.
La opción por los pobres: el centro del Evangelio
Lo que distingue a esta red de comunidades es su opción clara por los más vulnerables, que
no es un gesto voluntarista, sino la esencia misma del Evangelio.
Desde sus inicios, Redes Cristianas ha situado en el centro de su práctica a las clases s
desfavorecidas: migrantes, trabajadores precarios, mujeres discriminadas, Top Manta,
LGTBI+. No es una estrategia social, sino una convicción teológica: el Evangelio se
anuncia desde abajo.
A
sí lo recor el papa
F
rancisco
: “P
refiero una
I
glesia accidentada, herida y
m
anchada por salir a
la calle
,
antes que una
I
glesia enfer
m
a por el encierro y la co
m
odidad
(E
vangelii
G
audiu
m,
49
)
.
También G. K. Chesterton, con ironía profética, escribió: “El cristianismo ha muerto
muchas veces, pero ha resucitado de nuevo porque tenía un Dios que sabía cómo salir del
sepulcro” (cfr. El hombre eterno (2004), Ediciones Cristiandad. p. 323). La historia enseña
que los intentos de domesticar la fe acaban fracasando; lo que sobrevive es la fuerza
liberadora del Evangelio, especialmente en los pobres.
Reformadores y retrógrados: una constante histórica
L
o que hoy se vive en la
I
glesia no es nuevo
. E
s el reflejo de la
m
is
m
a dialéctica que atraviesa
todas las instituciones: los guardianes del pasado frente a los buscadores de futuro.
Desde los primeros concilios hasta las reformas del Vaticano II, la Iglesia ha sido siempre
escenario de debates entre quienes resisten el cambio y quienes lo impulsan. Lo mismo
ocurre en la universidad, en la política o en la cultura: la tensión entre inmovilismo y
creatividad atraviesa a toda sociedad.
En palabras de Antonio Machado: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.
Esa es la convicción de Redes Cristianas: que el cristianismo del futuro no está escrito, sino
que se construye día a día, con pasos pequeños y comunitarios.
E
n este aniversario
,
R
edes
C
ristianas
recuerda que el
E
vangelio no pertenece a los poderes estable
-
cidos
,
sino a quienes arriesgan y crean
. U
na
I
glesia in
m
óvil se parece de
m
asiado a un
m
useo;
una
I
glesia viva se parece
m
ás a una plaza abierta donde todos pueden entrar
,
ca
m
inar y hablar.
Invitación a escribir
El aniversario no es un punto final, sino un comienzo. Y la pregunta sigue abierta: ¿q
cristianismo queremos construir?
Redes Cristianas lanza una invitación clara: escribir, reflexionar y proponer respuestas a la
gran cuestión planteada. No se trata de un ejercicio académico, sino de un gesto
pedagógico, imaginativo y comprometido.
El Evangelio lo recuerda con imágenes sencillas: “No se enciende una lámpara para ponerla
debajo del celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos” (Mt 5,15). Cada texto, cada
testimonio, cada experiencia puede ser esa lámpara que ilumine un camino común.
Celebrar 20 años de andadura es, para esta red, abrir una conversación que trascienda
fronteras y generaciones. Porque el futuro del cristianismo no se decidirá en los despachos,
sino en las periferias, allí donde se vive con esperanza y donde, todavía hoy, resuena con
fuerza la Buena Noticia.