Es fundamental que luchemos contra todo movimiento violento, armamentístico o
dictatorial, conscientes de que en este momento el principal peligro provenga del
crecimiento de los movimientos neofascistas, o basado en la corrupción.
Tenemos que apoyar acciones pacifistas siempre que se pueda, y que sean populares y
democráticas. Tenemos que seguir luchando para que la Esperanza en un mundo mejor esté
viva y sea realidad. Esperanza en que desaparezcan la tiranía política y económica,
oligarquías familiares e ideas tan mezquinas como “fuera los emigrantes y el colectivo
LGTBI”. Esperanza en la equiparación de la mujer al varón en nuestro mundo y en la
Iglesia. Esperanza sobre la Desesperación. Pues todo esto como Cristianos de Base no lo
aceptamos, y debemos unirnos a colectivos sociales y partidos políticos de izquierdas, u
otros cuyo interés principal sea la defensa de los explotados, oprimidos y empobrecidos y el
cuidado de la madre tierra, que luchan por un mundo mejor con realismo, y pensándolo
bien también con los pies (como dice el poema de Pedro Casaldáliga). Se trata de apoyar
con sentido crítico las iniciativas que juzguemos orientadas a nuestros ideales, evitando la
parcialidad y el partidismo irreflexivo, con una neutralidad análoga a la que procuran tener,
por ejemplo, ONGs humanitarias como la Cruz Roja, pero también estando comprometidos,
sin equidistancia o tibieza, con la misma determinación con la que Jesús se rebeló contra
los escribas y los fariseos y contra los poderosos de su tiempo (Mateo 23: 29-39; Marcos
12:38-40; Lucas 11: 37-54 y 20:45-57).
3) El mensaje del evangelio ¿puede aportar claves propias para orientarnos en el
laberinto? En caso afirmativo, ¿cuáles serían y qué transformaciones exigirían al
modelo de iglesia y a los cristianos de base en particular?
El Evangelio puede aportar fundamentalmente, porque ya aportó en algunos momentos de
la historia y puede sumar claramente a la consecución de una sociedad justa y más
igualitaria si partimos del carácter revolucionario del mensaje y la palabra de Jesucristo.
Debemos tener en cuenta sus enseñanzas económicas, políticas y sus gestos de denuncia
como la reacción ante los mercaderes en el templo (Mateo 21:12-13, Marcos 11:15-18, Juan
2:13-25) o su explicación sobre la dificultad de los ricos para llegar al Cielo (Mateo 19:23).
Jesús identificó el problema social y se comprometió con los humildes reflejando siempre
su amor por los más pobres y su compromiso con la liberación.
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or todo ello cree
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os que los
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ristianos/as actuales ya no debe
m
os poner el acento tanto en la
reflexión sino en la
decisión
,
pues no se trata de soñar
,
sino de
embarrarnos
en la utopía evangélica.
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entado
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as cifras de e
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pobre-
cidos aumentan a la vez que crece también la agresión a la casa común, es decir, la Tierra.
La Iglesia debe abrirse a la igualdad real, incorporando activamente a las mujeres; abrirse
al uso adecuado de los bienes de la Iglesia para hacer el bien a los más necesitados/as;
abrirse a la autocrítica y asunción de responsabilidad ante los graves errores cometidos, por
ejemplo en el escándalo de los abusos sexuales y la negación de apoyo a las víctimas.
En definitiva nuestras claves están resumidas en el libro Cristianismo Radical (2025) de
Juan José Tamayo con referencia a los Evangelios: un cristianismo contra las pobrezas,
alterglobalizador, feminista, ecológico, interreligioso, contra-hegemónico, pacificador,
hospitalario, utópico, resistente en política, laicista, no dogmático, compasivo, simbólico e
indignado contra los autoritarismos y la corrupción. Todo esto es tarea a retomar por los
grupos de Cristianos de Base para que la Iglesia avance en estas líneas. Es necesaria nuestra
crítica a la Iglesia Católica, por ejemplo al conformismo y corporativismo de la jerarquía, y
nuestro énfasis en la sinodalidad. Pero ante todo debemos buscar formas de predicar con el
ejemplo, como hizo Jesús en su vida y nos cuentan los Evangelios.