PRIMERA LECTURA
(Xabier Pikaza)
El publicano del evangelio acepta lo que es, se reconoce en Dios,
puede vivir en verdad, en sí mismo, ante los otros… Al reconocerse
pecador está diciendo que quiere cambiar, que lo hará, aunque el
evangelio no dice cómo. Por el contrario, el fariseo, profesional de
la oración, se eleva en este caso como un mentiroso: Miente ante
Dios, se miente a sí mismo, y desprecia a los que él piensa que no
son de su altura.
E
l fariseo
. ¡O
h Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás.
D
a gracias por lo que es
,
no va a ca
m
biar
. D
esprecia a los que no son
como él…, como los ricos que se creen privilegiados por serlo y que
da unas pequeñas limosnas para tener más sometidos a los pobres.
El mundo se divide para el fariseo en dos mitades: en una estaba él
y Dios (¡que en el fondo eran lo mismo, él era Dios!); en la otra
mitad están (estamos) todos los demás. Las cosas funcionan
razonablemente bien, muy bien, y este fariseo se lo venía a decir a
Dios, esto es, a sí mismo, en un gesto solemne de auto-glorificación,
ante los ojos de todos, que nos habíamos apartado para dejarle
sitio en el centro y le miraban, con miedo, recelo y envidia desde
las esquinas de la columnata.