PRIMERA LECTURA
(Fray Marcos)
JESÚS NO VINO A SALVARNOS, SINO A DECIRNOS QUE ESTAMOS SALVADOS
Hoy leemos el capítulo 15 de Lucas, que… Jesús acoge a los marginados. Todos los
publicanos y pecadores, dice Lucas, se acercaban a él. Los fariseos y letrados critican a Jesús
por esto. Las parábolas son una respuesta de Jesús a esas murmuraciones.
Los fariseos tenían una idea equivocada de Dios. Pensaban acercarse a Él a través del
cumplimiento de la Ley. Tantas veces se nos ha inculcado la obligación de buscar a Dios por
ese camino, que nos quedamos boquiabiertos cuando el evangelio nos dice que es Él el que
nos está buscando siempre a nosotros. No se trata aquí de la conversión del pecador, sino de
la bondad absoluta de Dios para con nosotros…
Los fariseos y letrados (los buenos) se acercaban también, pero para espiarle y condenarle.
No podían concebir que un representante de Dios pudiera mezclarse con los “malditos”. El
Dios de Jesús está radicalmente en contra del sentir de los fariseos. Toda la religiosidad que
nace de esta concepción equivocada de Dios es también equivocada…
El Dios de Jesús es mucho más que madre y pastor. El Dios de Jesús se identifica con cada
una de sus criaturas haciéndolas participes de todo lo que él es. No somos nosotros los que
tenemos que “convertirnos” a Dios, porque Él está siempre vuelto hacia cada uno de
nosotros. No puede esperar nada de nosotros, pero nosotros, todo lo que somos se lo
debemos a su entrega incondicional…
El Dios de Jesús es, sobre todo, Abba; es decir, padre y madre que se entrega
incondicionalmente a sus criaturas. Es amor, misericordia y compasión. Nada del ser
poderoso que espera de nosotros vasallaje. Nada del juez que analiza con meticulosidad
nuestras acciones. Nada del impasible que defiende su gloria por encima de todo. Nada de un
ser trascendente que espera que nosotros le descubramos a tientas…
Jesús no vino a salvarnos, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios que
suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido. Si somos
capaces de entrar en esta comprensión de Dios, cambiará también nuestra idea de “buenos” y
“malos”. La actitud de Dios no puede ser diferente para cada uno de nosotros, porque es
anterior a lo que cada uno es o pueda llegar a ser. El Dios que premia a los buenos y castiga a
los malos, es una aberración incompatible con el espíritu de Jesús.
Dios no nos ama porque somos buenos, al contrario, somos “buenos” porque hemos
descubierto lo que hay de Dios (Amor) en nosotros. Si somos “malos”, es porque no hemos
descubierto a Dios como base y fundamento de nuestro ser.
La máxima expresión de misericordia es el perdón. Entender el perdón de Dios, tiene una
dificultad casi insuperable, porque nos empeñamos en proyectar sobre Dios nuestra propia
m
anera de perdonar
. N
uestro perdón es una reacción a la ofensa del otro
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n ca
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bio
,
el perdón
de Dios es anterior al pecado. Dios es solo amor, pero nosotros lo descubrimos como perdón,
cuando nos sentimos perdonados, por eso para nosotros está siempre unida al pecado.
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l perdón en
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or no acaba cuando nosotros falla
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o pasa entre los
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uestro lenguaje sobre
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ios es equívoco cuando habla
m
os del su perdón co
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o un acto.
La incapacidad de los cristianos para aceptar a los “malos”, se debe a nuestro concepto de
pecado. Lo identificamos con la persona misma y no somos capaces de descubrir que la
persona es una cosa y su postura y sus acciones otra muy distinta. El pecado es siempre fruto
de la ignorancia. Si nosotros amamos unas criaturas y no otras, se debe a nuestra ceguera, a
nuestra ignorancia…