Es de sobra conocido que los canales digitales —redes sociales, WhatsApp o correo electrónico— son hoy el cauce por el que circula un torrente incesante de contenidos: desde noticias y opiniones hasta bulos y sátira. Sin embargo, entre tanto ruido, emergen en ocasiones destellos de lucidez que, como dice el Evangelio, demuestran que «el Espíritu sopla donde quiere».
Una Navidad a la intemperie
Las condiciones en las que han quedado estos seres humanos son de una precariedad que estremece. Tras el despliegue policial, cientos de personas —muchas de ellas en situación de extrema vulnerabilidad— se han visto empujadas a dormir sobre cartones bajo los puentes de la autopista C-31 o en plazas públicas, sufriendo el rigor del frío invernal y la lluvia.
El giro hacia la extrema derecha
Con esta actuación, el alcalde de Badalona mimetiza el discurso y las formas de la extrema derecha de VOX. Ya no hay matices; la gestión municipal se ha convertido en un laboratorio de políticas segregacionistas. Esta estrategia tiene una finalidad clara: estimular los sentimientos xenófobos y el miedo al “otro” para cohesionar a un electorado basado en el rechazo.
La ausencia de Dios en el portal vacío
Resulta especialmente hiriente que esta política se ejecute bajo el barniz de la defensa de los “valores occidentales y cristianos”. El mensaje evangélico de la Navidad es radicalmente opuesto: Dios no nace en un palacio, sino en la periferia, como un desplazado más. La Sagrada Familia fue, en esencia, una familia de refugiados en busca de posada.
Durante estos días de Navidad, ha circulado una imagen de hondo calado bajo una apariencia irónica. Se trata de una representación del tradicional Portal de Belén, pero con una ausencia clamorosa: el pesebre está vacío. No hay rastro del Niño Jesús, ni de María y José, ni de pastores o Magos de Oriente. El pie de foto sentencia con crudeza: «El Belén de la extrema derecha: sin inmigrantes, sin refugiados, sin árabes y sin negros».
Esta viñeta no es solo un ejercicio de ingenio, sino una denuncia directa de la tragedia humana ocurrida en Badalona el pasado 17 de diciembre. En esa fecha, el alcalde de la ciudad, perteneciente al Partido Popular, ordenó el desalojo de unas 400 personas que malvivían en un antiguo instituto.
El contraste es desgarrador: mientras la ciudad se ilumina con luces festivas, el consistorio ha negado sistemáticamente una alternativa habitacional digna, forzando a entidades sociales y parroquias a improvisar refugios de emergencia que resultan claramente insuficientes.
Al agitar el fantasma de la inmigración, se busca un rédito electoral que facilite la implantación de una agenda de desmantelamiento de lo público. Bajo la excusa de la seguridad, se justifica la liquidación de los derechos sociales y la reducción de servicios para los más desfavorecidos, instalando la idea de que la solidaridad es un lujo prescindible o, peor aún, un peligro.
El “Belén vacío” que circula por las redes es el espejo de la política del PP en Badalona. Al expulsar al inmigrante, al árabe y al negro, la derecha no sólo vacía las calles, sino que vacía de contenido el propio sentido de la Navidad. Si no hay sitio para el humilde, no hay sitio para Jesús. Esa ausencia en la imagen evidencia una aporofobia y un racismo institucional que prefiere un portal limpio y desierto antes que reconocer la dignidad del hermano que viene de fuera.
