El pasado 25 de marzo se supo que los datos económicos permiten a España cumplir los criterios de convergencia para el acceso a la moneda única europea («euro»), el 1 de enero de 1999. La prensa recogió la euforia que por este motivo se produjo en círculos políticos y económicos españoles.
Si se tratase de una buena noticia para nuestro país, también nosotros deberíamos celebrarlo. Pero para pronunciarnos debidamente sobre esta cuestión debemos examinar la realidad tal como es. ¿Se trata realmente de una victoria de nuestro pueblo, o del anuncio de algo que puede beneficiar a todos los españoles? Hay sobrados motivos para dudarlo. Reflexionemos sobre lo que significa esa Unión Europea a la que nos encaminan y que va a estrenar moneda común a comienzos del año que viene.
Ni que decir tiene que estamos a favor de que se avance hacia la Unión, incluso política, de todos los países de nuestro continente. Y no olvidemos que durante la última etapa de la dictadura de Franco valorábamos como muy positivo el hecho de que el proceso de adhesión de nuestro país al Mercado Común creaba las condiciones para hacer inviable la permanencia de aquel régimen político.
Hoy, y a la vista de cómo se va construyendo Europa, tenemos que valorar también otras cosas. El proceso que llevó al Mercado Común primero, y a la Union Europea actualmente, fue completamente hegemonizado por el gran capital. Nuestras esperanzas sobre la posibilidad de construir una «Europa de los trabajadores y de Los pueblos» no se está realizando. No avanzamos hacia una Europa social y tampoco hacia una integración política europea. Hasta ahora todo se centró en la integración económica y financiera sobre una base monetarista. Los criterios de convergencia para lograr la moneda única fueron y siguen siendo utilizados como cobertura técnico-ideológica para justificar la actual ofensiva neoliberal para ir liquidando el bagaje de conquistas sociales de más de un siglo de lucha de los trabajadores, expresadas en las diversas formas y grados de lo que se conoce por «Estado del Bienestar».
Mientras, las instituciones representativas de la Union Europea, como el Parlamento Europeo, siguen careciendo de competencias legislativas, y carecen aún de control democrático los órganos ejecutivos de la Unión. En función de lo que establece el Tratado de Maastricht, el Banco Central se verá dotado de poderes que le permitirán supervisar la economía y las finanzas de los Estados miembros. Nótese que esto representa una trasferencia de poder, de funciones y de soberanía de unos ámbitos políticos donde aún se ejerce cierto control e intervención a otras instancias que hoy por hoy escapan a toda influencia social.
Se establece así un marco en el que se hace imposible cualquier política y cualquier legislación con finalidades sociales destinadas a paliar las consecuencias de la regresividad social que está teniendo lugar y se va a seguir produciendo por los mencionados tratados y criterios de convergencia. En realidad, el proyecto de construcción europea en marcha, como concreción del esquema neoliberal, amenaza todas las conquistas y todos los elementos del Estado social: empleo, derechos sociales, derechos laborales, progresividad fiscal... así como la soberanía y la capacidad politica para que los poderes públicos de cada Estado miembro puedan decidir, bajo control democrático, acerca de los procesos productivo y distributivo.
Frente a tal Europa, insolidaria y clasista, hegemonizada por la ideología liberal de los grandes poderes económicos y condenada a reproducir los esquemas de dominación y explotación imperantes hasta ahora, nos hemos de posicionar con un sentido crítico que implique la aportación de alternativas destinadas a cambiar progresivamente el carácter de la Unión, con el socialismo como ideal y como necesidad, profundizando en un internacionalismo y una solidaridad entre todos los pueblos que sea la base de una fraternidad universal. Es esta la piedra angular que desecharon los actuales constructo res de Europa. La misión histórica de la izquierda en general y de los comunistas en particular es construir una sociedad verdaderamente humana sobre esta idea. Este mundo atormentado por tanta injusticia y tanta explotación no necesita una nueva potencia imperialista. Europa ha de ser un factor de paz y solidaridad en el mundo o será un nuevo fracaso histórico.
abril - 1998
