C
uando nos dispone
m
os
,
una vez
m
ás
,
a celebrar la
N
avidad
,
la fiesta del naci
m
iento
de Jesús de Nazaret, conviene ir más allá del aspecto festivo y folklórico que suele
acompañar estas fechas. La Navidad puede ser ocasión para plantearnos una
cuestión profunda y audaz: repensar quién es Jesús y, por extensión, qué significa
seguirlo hoy, tanto en la vida personal como en la Iglesia y en la sociedad. En este
contexto, la pregunta sigue siendo vigente: ¿quién es ese niño de Belén y qué tiene
que decirnos en pleno siglo XXI, un mundo cargado de problemas?
L
as i
m
ágenes tradicionales de
J
esús
,
fruto de un largo proceso histórico
,
han ofrecido
respuestas diversas
,
pero hoy resultan insuficientes para sostener la vida y la esperanza
.
P
or un lado
,
está el
J
es de los dog
m
as
,
ese lenguaje
m
etafísico y abstracto que se nos
hace lejano
. P
or otro
,
está el
J
es
H
istórico
,
reconstruido por la investigación
m
oderna
,
cuyos datos son escasos y no bastan para fundar una vida de fe. La cuestión
fundamental es otra: necesitamos reencontrarnos con el Jesús que inspiraba a sus
oyentes, el que tocaba la vida de quienes lo conocieron y lo siguieron. Ni la rigidez
doctrinal ni la frialdad de los datos históricos cumplen esa función.
L
os pri
m
eros dispulos lo reconocieron por algo profunda
m
ente hu
m
ano
:
la fuerza del
amor compartido, la memoria de sus gestos y palabras, y la esperanza que encendía
en medio de la persecución, la pobreza y el miedo. Lo confesaron como el profeta
que les daba sentido para resistir cuando todo parecía perdido. Si bien es cierto que
esta experiencia simple se transformó con el tiempo en fórmulas complejas, lo que
permanece inalterable es el impacto de Jesús sobre quienes debían afrontar
problemas reales y urgentes. Ellos encontraron en él una razón para resistir, para
mantener viva la esperanza y para creer que la vida podía ser transformada.
Esa misma fuerza puede y debe inspirarnos hoy. Vivimos en un mundo marcado
por guerras que desgarran pueblos, desigualdades que excluyen a millones, crisis
climáticas que amenazan el futuro y migraciones forzadas que ponen a prueba
nuestra solidaridad. No se trata de repetir fórmulas antiguas, sino de descubrir
cómo su mensaje de compasión, justicia y fraternidad puede ayudarnos a enfrentar
las heridas del presente.
El corazón de ese mensaje, el plan de vida que Jesús ofreció a la humanidad, se
encuentra destilado en el Sermón de la Montaña, especialmente en las Bien-
aventuranzas. Este texto no es una lista de promesas fáciles, sino un mapa ético
para vivir de manera opuesta a la lógica dominante del mundo. Las Bienaven-
turanzas nos invitan a:
B
oletín nú
m.
83
- 20
de diciembre de 2025
S
er pobres de espíritu
:
E
s decir
,
a vivir desapegados del poder y la acu
m
ulación
,
asu-
m
iendo nuestra dependencia y fragilidad
. E
n un
m
undo obsesionado con el éxito y la
riqueza material, este valor denuncia la avaricia que alimenta la desigualdad global.
Llorar con los que lloran y tener hambre y sed de justicia: Jesús valida el dolor
de los que sufren las injusticias y nos llama a un compromiso activo para restaurar
el orden ético y social. Es una protesta radical contra la indiferencia ante la
exclusión, la explotación y la violencia que perpetúan los conflictos.
Ser mansos y misericordiosos: Esto no es debilidad, sino la fortaleza de quien
elige la no-violencia y la compasión frente a la agresión y la venganza. Es la
enseñanza crucial para tiempos de polarización y guerra, recordándonos que la paz
verdadera se construye con perdón y entendimiento, no con dominación.
Ser limpios de corazón y pacificadores: Nos insta a la coherencia interior y a ser
agentes activos en la construcción de la paz. Los pacificadores, los constructores
de puentes, son llamados hijos de Dios, marcando la paz como el criterio
fundamental para la vida humana y social.
Aceptar la persecución por causa de la justicia: Es el reconocimiento de que
vivir de acuerdo con estos valores puede significar ir a contracorriente de las
estructuras de poder injustas.
P
ero quizás la enseñanza
m
ás práctica y desafiante sobre el significado de la fe en la
vida diaria es la
P
arábola del
B
uen
S
a
m
aritano
. A
tras de esta historia
, J
esús responde
a la pregunta crucial: ¿quién es mi prójimo? Y su respuesta es revolucionaria. La
parábola narra cómo un hombre, apaleado y abandonado en el camino, es ignorado
por un sacerdote y un levita, figuras que representaban la religiosidad oficial y el
cumplimiento estricto del culto del Templo. Sus obligaciones rituales o su miedo a
contaminarse los detienen, priorizando el rito sobre la vida humana. En contraste,
el samaritano, un extranjero y hereje para los oyentes de Jesús, es el único que se
detiene, se conmueve, le presta asistencia inmediata y se hace cargo de los gastos.
La lección es ineludible: la verdadera fe se mide por el nivel de nuestra compasión
activa. Jesús nos enseña que el culto verdadero no se celebra dentro de las paredes
sagradas, sino al lado del necesitado, del maltratado y del excluido en el camino.
Este mensaje sacude los cimientos de cualquier religión que anteponga la obser-
vancia formal a la urgencia del dolor ajeno.
E
n tie
m
pos de incertidu
m
bre global
,
el
m
odelo de
J
esús nos invita a i
m
itarlo en los gestos
de a
m
or y solidaridad que sostienen a quienes sufren
,
convirtiéndonos en sa
m
aritanos
para los
m
illones de
“m
altratados en el ca
m
ino
que son hoy los
m
igrantes
,
las cti
m
as
de guerra y los
m
arginados por la pobreza extre
m
a
. L
a
N
avidad
,
entonces
,
no es sólo
memoria de un nacimiento lejano, sino oportunidad para reimaginar a Jesús como
compañero de camino en medio de nuestras crisis. Es un llamado a que su mensaje
de esperanza activa y compromiso transformador nos inspire a ser esa luz en el
mundo desgarrado, cumpliendo con la vocación de amor y justicia que él encarnó.