Consideraba Lenin que maduraban las condiciones para el triunfo revolucionario cuando además de tomar los explotados conciencia de la imposibilidad de vivir como antes, también a los explotadores les resultaba imposible vivir y gobernar como antes. Es decir, que lo que hace posible la revolución es una crisis que afecte a explotados y explotadores.
El sistema de economía global del Nuevo Orden Mundial tiene sus puntos débiles o contradicciones internas que nos muestran los lugares por donde puede llegar a romperse la cadena. Algunos acontecimientos recientes como el desplome de las bolsas, el hundimiento de la economía rusa y los atentados terroristas internacionales son indicativo de los puntos débiles o talones de Aquiles del sistema actual de mercado global.
Cuando culminó el triunfo capitalista en la Guerra Fría, hace una década, con el hundimiento del bloque socialista, los ideólogos del imperialismo hablaban de un “fin de la historia” con el que querían expresar la certeza de que en lo sucesivo el sistema capitalista no tendría que afrontar más ninguna amenaza como la que había significado el Comunismo para ese sistema. En su optimismo por el flujo que para ellos tomaba el viento de la historia, llegaron a creer que podían permitírselo todo contra los parias del mundo, y así, pusieron en marcha un proceso de recuperación de todas las posiciones que habían perdido o se habían visto obligados a ceder durante casi un siglo. En Rusia y demás países ex-socialistas de Europa Oriental establecieron una modalidad de capitalismo salvaje que hundió los fundamentos económicos de la sociedad y deterioró hasta límites insospechados el nivel de vida de la mayoría de la población. En el mundo Occidental industrializado emprendieron la liquidación de derechos sociales y laborales de los trabajadores, y el mundo subdesarrollado queda integrado en las estructuras del mercado único mundial pero participando mínimamente en el disfrute de los bienes producidos.
En todas estas disposiciones se encuentra el germen de los males que acosan ya al sistema capitalista y anuncian su ruina. El neoliberalismo, expresión de la victoria capitalista, se está revelando como el principal obstáculo para la persistencia de ese capitalismo. Las convulsiones que están teniendo lugar en el sistema bursátil mundial son un reflejo de una grave contradicción del liberalismo económico. El desarrollo y buen funcionamiento del proceso productivo precisa de inversiones gigantescas a largo plazo y baja rentabilidad. Inversiones tales sólo pueden ser hechas por los gobiernos y otros entes públicos que encarnen los intereses del conjunto de la sociedad y del futuro. Por contra, el liberalismo postula la inhibición económica de los poderes públi cos en favor de una inversión privada que se mueve sólo a impulsos de expectativas de grandes ganancias y a corto plazo.
Resultado de esa demencial organización de la economía mundial es el hecho de dos tercios de la población mundial no tienen nunca dinero ni crédito para comprar casi nada. La irracionalidad del sistema productivo mundial origina que haya una enorme y creciente proporción de seres humanos que no son necesarios y no serán necesarios jamás para la producción de bienes o para la prestación de servicios porque existe demasiada gente pobre en el mundo para que estos puedan ser comprados. En la economía mundial globalizada hay un enorme abismo entre los beneficiarios y los excluidos, que aumenta a medida que la población mundial crece. El aspecto más inquietante del sistema de economía global es que el enorme poder y la movilidad de las empresas multinacionales está destruyendo la efectividad de los gobiernos nacionales para realizar políticas básicas en favor de sus pueblos. Las medidas tradicionales para el control de los flujos de capital y los tipos de interés, las políticas de empleo total, desarrollo de recursos y protección del medio ambiente resultan cada vez más impracticables en las condiciones creadas por el mercado mundial. En gran parte de Asia, África y América Latina, el Estado se está hundiendo bajo el peso de la deuda. Mientras las economías nacionales están crecientemente entrelaza das, las naciones se resquebrajan, y no hay todavía en el horizonte una comunidad alternativa.
Otro síntoma de la descomposición del sistema es el terrorismo internacional que se manifiesta por atentados como los ocurridos recientemente en las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania, y Los bombardeos de represalia efectuados por la aviación norteamericana contra objetivos en Sudán y Afganistán. Es ese un aspecto más del enfrentamiento entre civilizaciones del cual es un exponente más sangrante la guerra civil encubierta que está teniendo lugar en Argelia.
En la propaganda ideológica del sistema imperialista de la economía global se da el nombre de “integrismo” a todas las manifestaciones sociológicas contra el avance del pensamiento único y del tipo de cultura que el imperialismo receta y quiere imponer a todo el mundo. La globalización viene con una propuesta de devastación económica y cultural de los diversos pueblos del planeta. Cualquier película o video de Hollywood parece tener la intención de ofender valores tradicionales de alguna parte de la tierra. Proyectando sobre todo el mundo la civilización Occidental, el imperialismo del nuevo orden mundial genera el rechazo y el afán de autoafirmación de las civilizaciones no occidentales. Para ellas el proceso de mundialización es una amenaza. Aniquilando comunidades tradicionales y aplastando antiguas culturas, el proceso de globalización condena a miles de millones de seres humanos a la perdida de la identidad propia que da sentido a la vida.
Aparte de las formas conscientes de rechazo a la ofensiva económica y cultural del capitalismo globalizador se añaden las quiebras que su acción produce en diversas partes, como el hundimiento de la economía rusa a cuya culminación estamos asistiendo estos días. Todo ello y otras realidades como la galopante degradación ecológica y la catástrofe demográfica que se va perfilando, indica que el sistema mundial imperante emprendió un curso que conduce a su autodestrucción pero también a un caos que afectará a toda la humanidad. Urge una rectificación que no se ve llegar, y a todos nos concierne y nos afectará el desenlace que se produzca.
Septiembre de 1998
