La Decepción del Sínodo y el Retroceso Institucional
Recientemente, ha abundado la discusión tras la decisión del Vaticano de rechazar la admisión de mujeres al diaconado y a cualquier forma de ministerio ordenado. Esta negativa se produce en un contexto de intensa expectativa, dado que la reivindicación de la mujer al ministerio, junto con otras como la supresión del celibato obligatorio del clero y el reconocimiento eclesial de los matrimonios no heterosexuales, constituía un postulado crucial que emergía con fuerza del Sínodo de la Sinodalidad.
¿Es la Ordenación Femenina la Meta del Reino?
Debemos sumarnos a quienes postulan la igualdad de género tanto en la Iglesia como en la sociedad. Sin embargo, surge una pregunta ineludible: si la Iglesia Católica Romana consiguiera finalmente el diaconado, el sacerdocio o el episcopado femenino (algo que, como tendencia histórica, es muy probable que suceda), ¿habría avanzado con ello hacia la consecución de la meta del Reino de Dios que Jesús perseguía?
El Proceso de Monopolio y la Reinvención del Clero
Con el paso del tiempo, la Iglesia se hizo más grande y compleja. Sus líderes iniciaron un sutil proceso de monopolio que llevó a la reinvención de un clero sacerdotal análogo al de las antiguas religiones. Este estamento reclamó para sí unas funciones que no estaban en el corazón del llamamiento de Jesús.
El Vínculo entre Poder y Ambición
Esta concentración de las funciones cultuales en un grupo selecto no es sólo un problema teológico; es una fuente de ambición. El poder genera una estructura de incentivos muy clara:
La Última Trinchera
Llegados a este punto, ¿cómo quedan las peticiones de clero femenino o clero no célibe? Si lo que se desea es simplemente mantener la función clerical tal como vino funcionando hasta ahora, dándole tanta importancia al sacerdocio y la función que realiza, se está reforzando la estructura que Jesús criticó.
Un Liderazgo para Otra Dirección
Lo que necesita la asamblea de seguidores de Jesús de Nazaret es otro tipo de liderazgo para otro tipo de función.
La respuesta eclesial ha sido interpretada por numerosos observadores y grupos católicos reformistas de todo el mundo como un claro y doloroso retroceso en el reconocimiento de la igualdad fundamental entre varones y mujeres en el ámbito religioso. La decepción y el desánimo son palpables, especialmente en comunidades que viven de cerca la escasez crítica de sacerdotes, con parroquias que quedan sin la celebración de la Eucaristía por largos periodos y clérigos ancianos a cargo de múltiples iglesias.
Con razón, quienes abogan por la inclusión recuerdan que entre los primeros seguidores de Jesús existían mujeres en igualdad de condiciones que los discípulos varones. Figuras como María Magdalena, María de Betania y otras desempeñaron un papel activo, de liderazgo y testimonial fundamental en el movimiento original.
Tenemos que concluir que no, y es fundamental explicar el porqué. Si en dos milenios no se ha avanzado significativamente hacia el ideal de la comunidad de Jesús, es porque no se ha abordado la raíz del problema.
Es importante aclarar que el clericalismo no es un fenómeno cristiano per se; existía ya en las culturas paganas y en el judaísmo pre-cristiano.
- Definición: Por clericalismo se entiende una mentalidad de dominio y superioridad que las jerarquías o castas sacerdotales ejercen sobre el pueblo común.
Estas castas se auto-crearon como mediadores imprescindibles entre la divinidad y la humanidad. Se asignaron funciones de culto, generalmente de carácter sacrificial o ritual, a las que atribuyen la facultad exclusiva de complacer y aplacar a la divinidad, obteniendo así beneficios y perdones a favor de los fieles a quienes pretenden pastorear.
En el ámbito cristiano, lo más impactante es que este sistema de poder, tal como funciona hoy, no fue la intención original de Jesús. Es una invención histórica que se ha construido y auto-justificado a lo largo de los siglos.
- La Comunidad Original: La comunidad que Jesús formó se basaba en la igualdad completa de todos los bautizados y en el principio de que el verdadero valor reside en el servicio humilde (diakonía) a los demás.
- La Prohibición de Jesús: Jesús fue taxativo al prohibir a sus seguidores imitar a los gobernantes de este mundo que “dominan y oprimen”. Les dijo que, en su comunidad, la lógica debía ser inversa: “quien quiera ser importante, tiene que convertirse en el servidor de todos” (Mc 10, 42-45).
- El Llamamiento: Él nunca llamó a sacerdotes del Templo para continuar los rituales antiguos; llamó a gente común —pescadores, recaudadores, mujeres— para que fueran sus discípulos y anunciaran el Reino. El mensaje central era una invitación a la justicia y a transformar el mundo.
El grupo de líderes decidió que era necesario asignar a un grupo especial —el clero reconstruido— la potestad exclusiva de realizar los actos cultuales y litúrgicos clave, como la Eucaristía.
Al hacer que el sacerdote fuera el único capaz de “abrir las puertas” a estos actos sagrados (una potestad que se justificó teológicamente con el concepto de sacerdos alter Christus), se volvieron indispensables para la vida espiritual de todos y, por lo tanto, adquirieron un poder enorme.
Para justificar y visualizar este poder, la Iglesia adoptó:
- Estructuras de poder jerárquico propias de los antiguos imperios.
- Símbolos y vestimentas que recordaban a los cultos paganos y la realeza (mitras, báculos, tronos).
- Una doctrina que afirmaba que el clérigo consagrado era esencialmente diferente y superior al laico (la “muralla” entre la jerarquía y el pueblo).
Si el sacerdocio es la vía para acceder a la posición de mayor prestigio, influencia y autoridad moral dentro de la comunidad, automáticamente se convierte en un objeto de aspiración.
- Esta aspiración no siempre se basa en el deseo de un servicio humilde, sino en la búsqueda de ese rango y espacio de poder que el sistema clerical ha instituido.
- Esto afecta por igual a hombres y mujeres. Al ver en el sacerdocio la cúspide de la influencia religiosa, las mujeres se sienten legítimamente atraídas por esa posición, aunque sólo esté disponible para varones en la actualidad.
Esto revela que el problema no es sólo la exclusividad masculina, sino la existencia misma de una estructura de poder basada en la función ritual que se ha vuelto el centro de la vida eclesial.
El clericalismo promovió un tipo de religión mucho más fácil de controlar. En lugar del compromiso de ayudar a los pobres y luchar contra las injusticias, se puso el énfasis en el ritual ciego y en el cumplimiento de normas externas, descuidando la invitación de Jesús a la transformación personal y social. Se le pide al fiel que obedezca sin cuestionar las directrices que vienen de arriba, y la jerarquía se autoproclama como la única con derecho a interpretar la verdad y la moral.
- El clericalismo es, en definitiva, la consecuencia de que un grupo se haya inventado un rol central y poderoso, olvidando que la verdadera misión de la comunidad de seguidores de Jesús no es la de oficiar ritos, sino la de transformar el mundo.
Reclamar este status de empoderamiento, para varones y mujeres, no contribuye a mejorar el seguimiento del Maestro. Por el contrario, está creando una trinchera, la última trinchera del clericalismo.
La experiencia en iglesias que ya han adoptado estas reformas –como la Anglicana o algunas Luteranas–, muestra que, si bien se gana en igualdad, persiste la situación generada por el nefasto rol del clericalismo, que mantiene al pueblo dependiente y pasivo. El foco sigue estando en el orden y el poder del clero, no en la misión de la comunidad.
Jesús señaló un objetivo y una dirección radicalmente distinta a la que apuntan los cleros sacerdotales de todas las religiones. Por su parábola del Buen Samaritano, señaló que la dirección que sus seguidores deben seguir es la del desgraciado tirado en la cuneta al lado del camino: los pobres, los explotados, los enfermos sin recursos, los marginados, los sin-techo, los inmigrantes...
Los estamentos clericales, al igual que el sacerdote y el levita de la Parábola, apuntan en otra dirección: hacia el Templo, al culto, a los sacrificios expiatorios, a las devociones descomprometidas.
Es una lástima que la mayoría de los afanes de reforma de las personas que participaron en el debate sinodal se centraran en postulados de organización institucional (¿quién oficia el rito?) y no en cuestionar el rumbo errado que la institución eclesial está siguiendo desde hace muchos siglos.
Seguimos intentando poner remiendos nuevos a un vestido viejo. La verdadera revolución no está en feminizar el clero, sino en desclericalizar la Iglesia y volver a la misión esencial de justicia y servicio de Jesús.
